miércoles, 28 de octubre de 2015

Factores biológicos de la bulimia nerviosa

            Algunos investigadores han intentado asociar los ciclos de atracones y purgas con diversos neurotransmisores. Como los antidepresivos a menudo ayudan a los pacientes con bulimia nerviosa, y dado que se ha vinculado la serotonina con la saciedad, se ha propuesto la participación de la serotonina y de la noradrenalina. En algunos pacientes con bulimia nerviosa que presentan vómitos las concentraciones séricas de endorfinas están elevadas, por lo que la sensación de bienestar que experimentan algunos después de vomitar puede estar mediada por estas concentraciones elevadas de endorfinas. La frecuencia de la bulimia nerviosa es mayor en los familiares de primer grado de los individuos con el trastorno.

            Investigaciones recientes con el empleo de resonancia magnética (RM) sugieren que la sobrealimentación de la bulimia nerviosa podría deberse a una percepción exagerada de las señales de hambre relacionadas con el gusto dulce mediadas por el área anterior derecha de la ínsula cerebral. (Kaplan y Sadock, 2015)


Hospital Médica Sur: Puente de Piedra No. 150. Torre I Consultorio 430 4to. Piso Col. Toriello Guerra, Tlalpan. C.P. 14050. México, D.F. Tel. 5524-3051. terapiainfantilyjuvenil.blogspot.mx



lunes, 26 de octubre de 2015

Bulimia Nerviosa: Diagnóstico y Cuadro Clínico (2)


            La mayoría de pacientes con bulimia nerviosa se encuentran en un rango de peso normal, pero algunos pueden estar por debajo de este o tener sobrepeso. Estos pacientes están preocupados por su silueta corporal y por su aspecto, se preocupan por como los ven los demás y por su atractivo sexual. La mayoría son sexualmente activos, en comparación con los pacientes con anorexia nerviosa, que no sienten interés por el sexo. La historia de los pacientes con bulimia nerviosa en ocasiones revela la existencia de pica y discusiones durante la comida.

            La bulimia nerviosa se da en individuos con altas tasas de trastornos del estado de ánimo y del control de los impulsos. También se ha publicado en individuos con riesgo de presentar trastornos relacionados con el consumo de sustancias y diversos trastornos de personalidad. Los pacientes con bulimia nerviosa muestran mayores tasas de trastornos de ansiedad, trastorno bipolar I y trastornos disociativos, así como antecedentes de abusos sexuales. (Kaplan y Sadock, 2015)


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miércoles, 21 de octubre de 2015

Bulimia Nerviosa: Diagnóstico y Cuadro Clínico (1)

            Existe bulimia nerviosa cuando: 1) los episodios de atracones se producen con relativa frecuencia (una vez a la semana o más) durante al menos 3 meses; 2) después de los atracones se practican conductas compensatorias para evitar el aumento de peso, fundamentalmente mediante la provocación de vómitos y el abuso de laxantes, diuréticos, enemas o eméticos (80% de los casos) y, con menos frecuencia la dieta estricta y el ejercicio extenuante (20 % de los casos); 3) la reducción de peso no es tan grave como en la anorexia nerviosa, y 4) el paciente tiene un miedo patológico a la obesidad, un deseo implacable de delgadez, o ambos, y una parte desproporcionada de la autovaloración depende del peso y la silueta corporal. Al realizar el diagnóstico de la bulimia nerviosa, los médicos deben explorar la posibilidad de que el paciente haya experimentado un ataque previo, breve o prolongado, de anorexia nerviosa, presente en alrededor de la mitad de los individuos con bulimia nerviosa. La aparición de atracones suele preceder a la provocación de vómitos en aproximadamente 1 años.

            Los vómitos son comunes y suelen provocarse introduciendo un dedo en la garganta, aunque algunos pacientes son capaces de vomitar a voluntad. Estos reducen el dolor abdominal y la sensación de estar hinchado, y permiten que los pacientes sigan comiendo sin temor al aumento de peso. El ácido del vómito puede dañar el esmalte dental, un hallazgo habitual en estos pacientes. Con frecuencia aparece tras el episodio la depresión, denominada en ocasiones angustia postatracón. Durante los atracones, los pacientes ingieren alimentos dulces, ricos en calorías y, por lo general, de textura blanda o lisa, como los pasteles y la bollería. Algunos prefieren alimentos voluminosos independientemente de su sabor. La comida se ingiere en secreto y rápidamente, y en ocasiones ni siquiera se mastica. (Kaplan y Sadock, 2015)


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viernes, 16 de octubre de 2015

¿Qué es la Bulimia Nerviosa? (Trastornos de la conducta alimentaria y de la ingesta de alimentos)

            La bulimia es un trastorno de la conducta alimentaria y de la ingesta de alimentos y se caracteriza por episodios recurrentes de atracones combinados con conductas de compensación inapropiadas destinadas a evitar el aumento de peso. El malestar físico (p. ej., dolor abdominal o nauseas) dan fin al atracón, que a menudo va seguido por sentimientos de culpa, depresión o disgusto con uno mismo. A diferencia de los pacientes con anorexia nerviosa, los que presentan bulimia suelen mantener un peso normal.

            El término bulimia nerviosa deriva de los términos griego “hambre de buey” y latino “nerviosa”. En algunos pacientes la bulimia nerviosa puede representar un intento fracasado de anorexia nerviosa, ya que ambas comparten el objetivo de alcanzar extrema delgadez, aunque la bulimia se da en individuos menos capaces de mantener una semiinanición prolongada hambre intensa de forma tan sistemática como los pacientes con anorexia nerviosa restrictiva. En otro casos, los atracones de comida representan episodios de “dietas revolucionarias” en las que se cede a ataques de hambre causados por los esfuerzos para restringir la ingesta con el fin de mantener un grado de delgadez socialmente aceptable. Otros pacientes utilizan los atracones como una forma de automedicación en épocas de angustia emocional. Independientemente de la causa, los atracones de comida provocan pánico, ya que los individuos sienten que han perdido el control sobre lo que comen, y llevan a intentos secundarios de evitar el temido aumento de peso mediante una gama de comportamientos compensatorios, como purgas o ejercicio excesivo. (Kaplan y Sadock, 2015)


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miércoles, 30 de septiembre de 2015

Hacerse pipí en niños y jóvenes: Enuresis, trastorno de la excreción (4)

            La enuresis se ha observado en diferentes países europeos, africanos y asiáticos, así como en Estados Unidos. A nivel nacional, las tasas de prevalencia son notablemente similares y hay una gran similitud entre las trayectorias de desarrollo encontradas en los diferentes países. Hay tasas muy altas de enuresis en los orfanatos y en otro tipo de internados, lo cual está probablemente relacionado con el modo y el ambiente en que se produce el aprendizaje para ir al baño.

            La enuresis nocturna es común entre los niños. La incontinencia diurna es más frecuente entre las niñas. El riesgo relativo de tener un hijo que desarrolle enuresis es mayor cuando el padre ha sido enurético que cuando la madre ha sido enurética.

            El grado de deterioro asociado a la enuresis está condicionado por las limitaciones de las actividades sociales del niño (p. ej., no poder ir de campamentos) o por los efectos sobre su autoestima, el grado de ostracismo social al que lo someten sus compañeros y el enfado, castigo y el rechazo por parte de los cuidadores.

            Para realizar el diagnóstico diferencial no hay que confundirlo con:

Vejiga neurogénica u otra afección médica. El diagnóstico de enuresis no se realiza cuando existe una vejiga neurogéna  u otra afección médica capaz de causar poliuria o urgencia (p. ej., una diabetes mellitus no tratada o la diabetes insípida), ni durante una afección aguda de la vía urinaria. Sin embargo, el diagnóstico es compatible con dichas afecciones si la incontinencia urinaria ya era habitual antes de la aparición de las otras afecciones médicas o si persiste después de haber instaurado un tratamiento correcto de las mismas.

Efectos secundarios de la medicación. La enuresis puede aparecer durante el tratamiento con medicación antipsicótica, diuréticos y otros fármacos capaces de producir incontinencia. En ese caso, el diagnóstico no debe hacerse aisladamente, sino que puede constar como efecto secundario de la medicación. Sin embargo, se puede realizar un diagnóstico de enuresis si la incontinencia urinaria ya era habitual antes del tratamiento con la medicación.

            Aunque la mayoría de los niños no presenta un trastorno mental comórbido, la prevalencia de síntomas conductuales comórbidos es mayor en los niños con enuresis que en los niños sin enuresis. En una parte de los niños con enuresis también se producen retrasos del desarrollo del habla, del lenguaje, del aprendizaje y de las habilidades motoras. Puede haber encopresis, sonambulismo y trastorno de terrores nocturnos. Las infecciones de las vías urinarias son más frecuentes en los niños con enuresis, especialmente en el subtipo diurno, que en los niños que contienen la orina.


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