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martes, 31 de diciembre de 2013

Aprender realmente a escuchar

            En la actualidad vivimos en un mundo lleno de estímulos mediáticos, ruidos, prisas, etc. Nos encontramos en la era de la comunicación y llama la atención que en muchas ocasiones lo que menos hacemos es entendernos. En parte es culpa del ruido externo, del bombardeo de mensajes de todo tipo. Pero también tenemos “ruidos interiores” que interfieren en nuestra conexión con los demás. Valoraciones críticas, juicios visuales, comentarios automáticos o pensamientos temerosos a los que hay que sumar las prisas, los prejuicios, la autocomplacencia, el monólogo negativo que entablamos con nosotros mismos, etc.

            El mal oyente reclama la atención de quien habla, piensa en lo que dirán entretanto, interrumpe para tener el control de la conversación, se aferra a sus opiniones, etc. Por el contrario el buen oyente no es quien procesa las palabras y su significado con atención, sino quien logra que el que habla se sienta apreciado y animado a expresar sus ideas y sus sentimientos. La verdadera comunicación sólo es posible si se produce desde el entendimiento, el respeto y la confianza en el otro. Escuchar con el corazón, el cuerpo y la mente es el mejor regalo que podemos hacer a otra persona.

José María Rico 121-501. 5to. Piso Col. Del. Valle. C.P. 03100. México, D.F.

Tel. 55-24-30-51. juancarlosvallen@hotmail.com  www.terapiainfantilyjuvenil.mx

viernes, 13 de septiembre de 2013

Sugerencias para la comunicación entre padres e hijos

1-. Al dar una información, busque que siempre sea de una manera positiva.
2-. Seguir la regla de que "todo lo que se dice, se cumple".
3-. Ponernos en el lugar del otro (ser empáticos).
4-. Dar mensajes consistentes y no contradictorios.
5-. Ser muy claros a la hora de pedir algo.
6-.  Escuchar con atención e interés.
7-. Crear un ambiente emocional que pueda facilitar la comunicación.
8-. Pedir la opinión de los demás y su parecer al respecto.
9-.  Expresar y compartir los sentimientos.

10-. “… Ser congruentes con lo que se dice y con lo que se hace”.

jueves, 12 de septiembre de 2013

La comunicación entre padres e hijos

            La comunicación nos sirve para establecer contacto con las personas, para dar o recibir información, para expresar o comprender lo que pensamos, para transmitir nuestros sentimientos, comunicar algún pensamiento, idea, experiencia o información con el otro, y para unirnos o vincularnos por el afecto.


            La comunicación saludable es crucial para ayudar a los niños y jóvenes a desarrollar una personalidad saludable y buenas relaciones con los padres y los demás. Les da la oportunidad de ser felices, seguros y sanos en cualquier circunstancia.


miércoles, 7 de agosto de 2013

¿Es inaceptable para los padres la creciente autonomía del adolescente?

            Por supuesto que sí. Debido a que los adolescentes aspiran a tomar sus propias decisiones, dotados de una inteligencia más agudizada, y también más multiforme, los adolescentes, desde luego, pretenden analizar por su cuenta las situaciones que se les presentan. Esto se vuelve inaceptable para muchos padres que perciben estos avances de autonomía como otras tantas derrotas personales. De ahí los enojos, el mal humor y la “tentación autoritaria” que suelen manifestar: Y, como respuesta de parte de sus hijos, las rebeliones, provocaciones y demás arrebatos anímicos, los cuales agravan aun más los conflictos y oposiciones de los padres. Es un ciclo infernal.

            Fize (2007) menciona que lo cierto es que en la vida cotidiana, el adolescente nunca deja de ser un niño para los padres. Puesto que vive bajo su dependencia legal y material; además, rechazado por la sociedad adulta que le da pocas oportunidades de expresar sus ideas, sigue siendo un menor de edad, y nada más. Por consiguiente, lo que esconde detrás de la idea de “crisis de adolescencia” son en realidad las relaciones de poder expresadas por los padres y que se vuelven insoportables para los adolescentes.



          Elías (1970) refiere que entre padres e hijos siempre se trataba de pruebas de fuerza, centradas generalmente en torno de los siguientes problemas: ¿Cuál de los dos es el que necesita más del otro? (…) ¿Quién depende más del otro y, por consiguiente, se somete más al otro? ¿Quién posee el mayor margen de poder y puede así manipular mejor al otro, limita sus funciones o incluso desposeerlo de ellas?

martes, 6 de agosto de 2013

Hijos adolescentes ¿qué cosas les mueven a los padres?

            El convertirse en adolescente en realidad es un difícil proceso de emancipación, que suele reactivar en los padres, su propia adolescencia (con sus recuerdos felices e infelices) y que despierta en ellos la conciencia más aguda del tiempo que pasa, del dinamismo que se va perdiendo, de la finitud inexorable. ¡Cuántas tristezas, nostalgias, sienten entonces! 


            Fize (2007) refiere que es un miedo generalizado que invade a los padres. Miedo a un declive de su sexualidad, mientras que “su” hijo, en cambio, alcanza su madurez (y por tanto su plenitud) sexual. Miedo al regreso (en forma de fantasía) de antiguos lazos incestuosos. En efecto, mientras subsiste la “inmadurez” fisiológica del niño, el deseo incestuoso (inconsciente) permanece oculto. Juegos de caricias, mismos diversos se dan sin angustia ni culpabilidad, debido precisamente a esta “inmadurez”. Todo esto cambia radicalmente en la adolescencia.


            De tal suerte que al presenciar el “eclipse” del infante, los padres tardan en adaptarse al recién llegado adolescente.