jueves, 11 de junio de 2015

Conductas de promoción de salud: dieta, carbohidratos y salud

            Los carbohidratos (CH) aportan energía a nuestro cuerpo, y también actúan en el desarrollo de la flora intestinal (necesaria a su vez para fabricar vitaminas). Por tanto, si no los incluimos en nuestras comidas, no nos alimentamos de manera equilibrada y a nuestro organismo le faltará energía. Estos carbohidratos, también conocidos con el nombre de glúcidos o azúcares, están considerados como los pilares de nuestra alimentación. No todos ellos actúan de igual manera en el interior de nuestro organismo. En una dieta equilibrada, 50-60% de la energía total debe ser aportada por ellos. De acuerdo con su naturaleza, se absorben en forma veloz, rápida o lenta. El de absorción más veloz es el azúcar, el grupo intermedio está formado por los almidones, que son azúcares más complejos (pan, cereales y legumbres), mientras que en el grupo más lento se encuentran las verduras, que contienen alta cantidad de fibra, la cual provoca que el azúcar se absorba muy lentamente. Estos últimos son los más indicados para todo tipo de dietas. Al absorberse con lentitud, impide que se estimule de forma brusca la formación de insulina, la cual evita grandes concentraciones de ésta en la sangre, que en el caso de la obesidad ayuda a aumentar de peso. Que las personas tengan conocimiento de este proceso es muy importante, ya que nuestro cuerpo no está preparado para emplearlos como fuente de energía instantánea. De allí  que para no tener sobrepeso se debe modificar la conducta y controlar la ingesta de los azúcares que se absorben velozmente. (Oblitas, 2010).


Hospital Médica Sur: Puente de Piedra No. 150. Torre I Consultorio 430 4to. Piso Col. Toriello Guerra, Tlalpan. C.P. 14050. México, D.F. Tel. 5524-3051. terapiainfantilyjuvenil.blogspot.mx


lunes, 8 de junio de 2015

Conductas de promoción de salud: dieta vegetariana y salud

            Muchas veces los profesionales de la salud se preguntan cómo pueden ayudar a aquellas personas que por una necesidad física, y no por convencimiento propio, deben cambiar sus hábitos y basar su alimentación en vegetales y frutas, eliminando las carnes, con el fin de mejorar la salud. Es decir, la cuestión fundamental se basa en cómo implementar una dieta vegetariana que implique un nuevo estilo de vida, que sea aceptado por los individuos y que evite la presencia de estados de ánimo disruptivos (ansiedad, ira, depresión).

            Cuando una persona adicta a las carnes se le prescribe que debe suspender o limitar su consumo, siente que ya no tiene sentido comer, que lo que ahora va a ser su alimento es “como comer pasto”, “que no lo va a satisfacer”. Éstos serán sus pensamientos o sentimientos frente al cambio de su dieta habitual, pero el profesional que lo aconseja deberá hacer hincapié en que de manera paulatina se acostumbrara a este tipo de alimentación, y a medida que se sienta mejor, experimentará mayor bienestar con el cambio de hábitos alimenticios. En general, se recomienda que la adopción de la nueva forma de alimentarse sea gradual, que la persona no lo incorpore desde un principio como algo absoluto, sino que se tome un tiempo para que elimine paulatinamente, todos aquellos alimentos que, por su composición, sean nocivos para su salud. Se trata de evitar que estas modificaciones produzcan angustia, inseguridad, falta de motivación. Por tanto, al comenzar un cambio alimenticio, lo primero que se recomienda es que la persona planifique una semana de comidas, pero que deje uno o dos días para comer lo que le guste y que sea menos dañino, lo cual lo estimulará y le dará fuerzas para continuar. En segundo lugar, que comience a elegir los vegetales que más le agradan, que busque recetas originales y que se otorgue un tiempo para realizarlas. (Oblitas, 2010).


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lunes, 1 de junio de 2015

Conductas de promoción de salud: dieta


            En su edición del 31 de julio de 2000, el diario Clarín (Buenos Aires, Argentina) asegura que la mitad de los adultos porteños tiene sobrepeso como consecuencia de su alimentación habitual (pizzas, empanadas, emparedados, pastas, carnes, helados, dulces de leche, etc.). El estudio que realizó la consultora Healthcare sobre hombres y mujeres mayores de 20 años dio como resultado que 53% de los encuestados tenían un sobrepeso perjudicial para su salud. Los varones comen sin control y las cifras consignan los resultados: entre ellos, 58.7% tienen sobrepeso y entre ellas, el porcentaje llega a 46.9%. Consecuentemente, las mujeres demostraron un mayor conocimiento sobre los riesgos del sobrepeso. Según dijeron, a partir de los 50 años su dieta cambia, pues agregan más frutas y restan masas, dulces y fiambres. Según este estudio, la clase alta cuenta con 38.5% de sus miembros excedidos de peso, la clase media, 50.2% y la de nivel más bajo, 55.1%. La edad también influye: los más jóvenes tienen cuerpos delgados, que van engrosando según pasan los años. Así, en la muestra, tenían sobrepeso 29.7% de las personas entre 20 y 29 años, de los que estaban entre los 30 y 49 años 54.8% habían pasado el límite de lo saludable y a partir de los 50 años, la proporción crecía hasta 68.6%. Los datos señalan que se come poco cereal y poco pescado. Que se elige la grasa que es, justamente, lo primero que se almacena y lo último que se quema (cada gramo de grasa aporta 9 calorías contra 4 por cada gramo de proteínas o de hidratos de carbono). Además, los alimentos con alto contenido en grasas suelen ser los más sabrosos y producir poca saciedad, con lo que las cantidades que se ingieren aumentan. (Oblitas, 2010).


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viernes, 29 de mayo de 2015

Conductas de promoción de salud: control de peso

            Schwarzer y Fuchs (1999) han comprobado que hacer dieta y controlar el peso son conductas relacionadas con la salud, las cuales, también están reguladas por las creencias de autoeficacia. Chambliss y Murray (1979) descubrieron que los sujetos con sobrepeso respondían al tratamiento conductual cuando tenían un alto sentido de eficacia y una localización interna de control. Además, que la autoeficacia opera mejor en conjunto, con los cambios generales del estilo de vida, lo cual incluye el ejercicio físico y el apoyo social.

            Ponerse a dieta constituye la estrategia más frecuente para lograr el control de peso, y aunque los resultados son dispares, en general se ha observado que pueden ser positivos, y que las mayores dificultades se presentan en el periodo de mantenimiento. De acuerdo con Saldaña y Rosell (1988); y Fernández y Vera (1996), la probabilidad de mantener la pérdida de peso es más elevada si se aplican programas de modificación de conducta que con dietas muy restrictivas, las cuales no consideran los patrones de ingesta y el nivel de actividad de las personas. Para evitar recaídas se debe incidir sobre otras variables, por ejemplo, apoyo social, adecuado repertorio de habilidades sociales, actividad física o deportiva, toma de decisiones a nivel personal, expectativas de logro y establecimiento de una relación positiva con el terapeuta.

            En relación con el estilo de vida, se ha identificado que el hábito de permanecer mucho tiempo frente al televisor atenta contra el control de peso. Por cada hora que las personas se “estacionan” frente al televisor, el riesgo que tienen de sufrir obesidad aumenta 30%. Un trabajo realizado por Vioque, en Alicante, que involucró a 1,800 personas mayores de 14 años, descubrió que la mayor tasa de obesidad en España se registra en esta región, donde 17.1% de los mayores de 15 años tiene un índice de masa corporal igual o superior a los 30 kilos por metro cuadrado. La información sobre los hábitos y estilos de vida de los voluntarios se recopiló a través de entrevistas personales. Las conclusiones a las que se llegó se refieren, por una parte, a la relación entre el tiempo que se dedica al día a ver la televisión y el riesgo de obesidad (los voluntarios que dedicaban 4 horas o más a esta actividad tenían un riesgo 2.4 veces mayor de estar obesos que el resto); en segundo lugar, el estudio muestra también una relación inversa entre las horas de sueño y el sobrepeso (entre los participantes, las personas obesas declararon dormir menos horas al día). La relación entre ambos factores se tendría que estudiar más a fondo. Es probable que esté implicado el poco o mal dormir con el estrés, y éste con la ganancia de peso. (Oblitas, 2010).


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miércoles, 27 de mayo de 2015

Conductas de promoción de salud: conductas relacionadas con el cáncer (3)

            Se ha escrito mucho acerca de los efectos de los eventos estresantes de la vida cotidiana en el desarrollo y curso del cáncer. Ahora bien, estudiar solamente la naturaleza del estrés es un parte del problema, ya que un mismo evento estresante no incide de igual manera en todos los individuos, y las formas de reaccionar frente a ellos varían significativamente en cada uno de nosotros.

            Delucchi y Marmisolle (2001) elaboraron una tipología con base en los resultados de las investigaciones acerca de la evolución de la enfermedad en relación con la forma de afrontarla que adopte el individuo.

Espíritu luchador. Significativamente relacionado con mejor evolución (mayor sobrevida). Una respuesta activa en la cual el paciente acepta completamente el diagnóstico y adopta una actitud optimista, decide luchar contra la enfermedad y participar en la toma de decisiones del paciente.

Evitación (negación). Se relaciona con una mejor evolución, aunque ha habido conclusiones opuestas. El paciente rechaza el diagnóstico de cáncer o minimiza la seriedad evitando pensar acerca de la enfermedad.

Fatalismo (aceptación estoica). Esta forma de reaccionar está relacionada con una peor evolución. Se presenta cuando el paciente acepta el diagnóstico y adopta una actitud fatalista y resignada.

Preocupación ansiosa. Esta actitud está asociada con una peor evolución. El paciente está constantemente preocupado con su cáncer; con miedo de que cualquier dolor indique una recurrencia o propagación de la enfermedad. Busca un reaseguro constante.

Desesperanza. Está también relacionada con mala evolución. Son individuos que adoptan una actitud totalmente pesimista, se rinden ante la enfermedad, sienten desesperanza.

            En resumen, a los individuos que reaccionan pasivamente ante las enfermedades malignas (con fatalismo, preocupación ansiosa y desesperanza) se les asocia con una mala evolución, mientras que no queda muy claro qué ocurre con la evitación, pero siempre es mejor cuando los afectados adoptan una actitud luchadora. (Oblitas, 2010).


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