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jueves, 8 de agosto de 2013

¿En que creen los adolescentes?

            Los adolescentes dicen creer en el amor, en la amistad, en la fidelidad (pero poco en la religión o en la política). Defienden grandes principios republicanos: libertad, igualdad, solidaridad. Principios fundamentales que le dan un sentido a la existencia (su existencia), principios indisociables. Libertad en la cual han sido creados y que les es “natural”. Igualdad (al menos la de los derechos y de las oportunidades) que, cuando no se respeta, provoca su indignación y protesta (muchos movimientos estudiantiles nacen, como bien se sabe, a raíz de una violación de este principio, o de la sensación de que se está violando). Solidaridad, finalmente, que saben expresar cuando es preciso o en su vida cotidiana. (Fize, 2007). 

            En la realidad concreta algunos sentimientos de los adolescentes se expresan, otros no. Los adolescentes pueden comprometerse a favor de múltiples causas. También pueden mostrarse poco cooperativos e incluso francamente egoístas. A fin de cuentas están hechos a imagen de los adultos, a la vez puros e impuros, responsables e individualistas. Los adolescentes tiene, por lo general, una mirada un tanto desengañada sobre el mundo actual y ya no parecen creer en su transformación.


            Los adolescentes manifiestan un gran desconfianza, por no decir una franca hostilidad, hacia todos aquellos que detentan algunas claves del cambio: los políticos, los empresarios (que les parecen poco accesibles), la Iglesia, etc.

¿Los adolescentes son unos idealistas que sueñan con cambiar el mundo?

            Los adolescentes actuales en realidad no son rebeldes; cuando menos no hacen alarde de ideas subversivas. Los tiempos han cambiado, han desaparecido las ideologías, han surgido nuevas costumbres juveniles. Los adolescentes actuales ya no se preguntan a qué –ismo pertenecen: socialismo, comunismo, liberalismo. Ya no sueñan con conspiraciones ni revoluciones. Están en otra realidad, tal vez en el eclecticismo, y probablemente por mucho tiempo. 


            Refiere Fize (2007) que a pesar de las imperfecciones de la sociedad que los gobierna, no están resentidos con ella; a pesar de las fallas de los adultos que los dirigen, no se sublevan, como antes, en contra de ellos. No aspiran a cambiar este planeta, aunque en ocasiones sí saben denunciar las injusticias.


            En términos generales los adolescentes tienen buen corazón; sí tienen tendencias idealistas las cuales son inherentes a la adolescencia. Lo que distinguiría fundamentalmente al adolescente del niño sería su capacidad de abstraerse del presente y prever el futuro,, enriqueciéndolo con las virtudes de la utopía.