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viernes, 9 de agosto de 2013

¿El adolescente moderno se deja seducir por utopías?

            No, de hecho no. El adolescente moderno ya no se deja seducir por las delicias de las utopías, ya no se embriaga con teorías. Al igual que el niño, del cual ya casi no se distingue, se deja absorber por el presente, por lo concreto. Ya no sueña con un mundo perfecto. Sólo desea que el mundo actual sea más justo, más equitativo. Esta sociedad dura, despiadada, ya no le da tiempo al adolescente para soñar, o mejor dicho, sus sueños se han vuelto “razonables”. Sus proyectos son claros: fundar una familia, tener hijos, un “buen” trabajo –es decir, interesante y gratificante--, y vivir en seguridad. En resumen, optan por una situación estable y moralmente decorosa. 


            Los adolescentes actuales, aunque no siempre expresen con palabras, no dejan de estar en busca de un ideal, de otras orientaciones sociales y colectivas. De un sistema coherente de ideas que dibuje la imagen de un universo “rehumanizado”; no se dejan engañar por la mercantilización que se presenta como una nueva ideología totalitaria. Necesitan inscribirse en una perspectiva histórica, “arraigarse en lo social”, contribuir con sus ideas y su personalidad, al renacimiento de un mundo más generoso, más solidario, en el que puedan realizar sus ambiciones.

jueves, 8 de agosto de 2013

¿En que creen los adolescentes?

            Los adolescentes dicen creer en el amor, en la amistad, en la fidelidad (pero poco en la religión o en la política). Defienden grandes principios republicanos: libertad, igualdad, solidaridad. Principios fundamentales que le dan un sentido a la existencia (su existencia), principios indisociables. Libertad en la cual han sido creados y que les es “natural”. Igualdad (al menos la de los derechos y de las oportunidades) que, cuando no se respeta, provoca su indignación y protesta (muchos movimientos estudiantiles nacen, como bien se sabe, a raíz de una violación de este principio, o de la sensación de que se está violando). Solidaridad, finalmente, que saben expresar cuando es preciso o en su vida cotidiana. (Fize, 2007). 

            En la realidad concreta algunos sentimientos de los adolescentes se expresan, otros no. Los adolescentes pueden comprometerse a favor de múltiples causas. También pueden mostrarse poco cooperativos e incluso francamente egoístas. A fin de cuentas están hechos a imagen de los adultos, a la vez puros e impuros, responsables e individualistas. Los adolescentes tiene, por lo general, una mirada un tanto desengañada sobre el mundo actual y ya no parecen creer en su transformación.


            Los adolescentes manifiestan un gran desconfianza, por no decir una franca hostilidad, hacia todos aquellos que detentan algunas claves del cambio: los políticos, los empresarios (que les parecen poco accesibles), la Iglesia, etc.