lunes, 29 de julio de 2013

Los piercings y tatuajes en la cultura adolescente



            Fize (2002) refiere que la meta del adolescente es encontrar un estilo personal. Por ejemplo, puede dar la impresión que se viste de cualquier manera, pero en realidad obedece códigos precisos. Al mezclar los estilos, podrá reivindicar que es “inclasificable”, es decir, original. Así es como cobran importancia los pequeños detalles (¡o que equivocadamente consideramos como tales!) que marcan esta diferencia (como los piercings, por ejemplo). Con todo, hay cosas que tienen que evitar a toda costa: el abuso de ropas de marca de pies a cabeza, si uno no quiere verse “naco”. Lo que hay que buscar, por el contrario, es la marca desconocida o que aún no está de moda.


            El fenómeno de los tatuajes y los piercings es algo que se está dando con mucha frecuencia en los adolescentes. Ya a la edad de 13 años algunas chicas, pero también chicos, se hacen perforar, en varios puntos, el lóbulo de la oreja; a los 15, las jovencitas se mandan colocar en el ombligo una joyita; a los 18, las chicas y chicos optan por el anillo en el arco de la ceja, en a nariz, en el labio inferior o incluso en la lengua.


            En cuanto al tatuaje. A los niños les gustan las calcomanías para exhibirlas en las playas, y a los jóvenes adolescentes los dibujos con hojas, etc. Y  jóvenes que son más grandes (con la debida autorización de los padres en el caso de que sean menores de edad) se hacen “entintar”, “picar” la piel. Flores, serpientes, corazones… “brotan” así en el hombro, el vientre, el tobillo, etc. (Fize, 2007). 

viernes, 26 de julio de 2013

El cuerpo como parte del “look” del adolescente



            El cuerpo es el lenguaje social de los adolescentes. Debido a que en este mundo uno es antes de lo que parece, el cuerpo debe adornarse con toda clase de cosas: desde el maquillaje (para las chicas) hasta el tatuaje (para ambos sexos). El cuerpo es un lenguaje que traduce un estado de ánimo. Su uso difiere en función del sexo. Hay que tratar ese cuerpo ya sea para olvidarlo o por el contrario para revelarlo. En términos generales los adolescentes hombres usan ropa holgada, quienes, durante mucho tiempo, buscan ocultar una corpulencia todavía infantil (lo holgado acentúa una virilidad naciente y por lo tanto insuficiente); las chicas usan ropa más ajustada, quienes, por su parte, cuando no tienen sobrepeso desean que vean las transformaciones de la pubertad en curso. Y la prensa presenta las nuevas imágenes de moda, muchachas adolescentes con características muy distintivas como: minifaldas o pantalones ajustados, corpiños que dejan ver el ombligo, zapatos de tacón, anillos, pulseras, aretes, maquillaje ligero, barniz de uñas (a los 8 o 9 años predominan los azules, verdes, amarillos, pastel o fluorescentes; a los 11 o 12 años aparecen los colores más oscuros o metálicos; a partir de los 15 prevalecen los colores intensos: negro, morado, púrpura)… El modelo de esas jovencitas es doble: primero es la adolescente más grande, del tipo hermana mayor, estrella de la canción (como Britney Spears o Selena Gomez). Luego es la mujer joven, tipo top model, una “adulta” que se les parece. 

¿Cuál es el “look" de los adolescentes?

            Para los adolescentes es muy importante la forma como se ven y son vistos. El look es placer y obligación al mismo tiempo. Si quiere existir, ser reconocido, es decir, aceptado por sus pares, el adolescente no tiene opción: debe someterse a las normas del medio que escogió. Ya sea desde el colegio, a veces incluso antes, debe “seguir la corriente”, conformarse a ella, si no quiere verse excluido del grupo. Por ejemplo, entre los 10 y 15 años hay que tener mucha fuerza de voluntad para no usar ropa de marca. La libertad indumentaria es indiscutiblemente una libertad vigilada, la moda normativa predomina en todas partes. Las amenazas mediáticas y las solicitudes comerciales se encargan del resto. En el reino de la adolescencia, nadie debe ignorar la geografía indumentaria del momento. 
            Todo esto produce paradójicamente una gran uniformización. Hoy en día nadie se parece más a un adolescente que otro adolescente. Observación válida no sólo para el mundo occidental, en el que la similitud resulta a veces impresionante, sino también para el resto del planeta: África, Asia, América… en donde la juventud se viste también “al estilo adolescente”.

       La preocupación por el look se manifiesta cada vez más temprano. Volverse adolescente implica también vestirse con ciertas marcas, Es cuestión de prestigio. Los niños “grandes” de hoy quieren productos que los hagan salir definitivamente de su infancia. (Fize, 2007).

jueves, 25 de julio de 2013

Marcas de identidad de los adolescentes

            La adolescencia es el tiempo de la afirmación, antes que el de la oposición. Para afirmarse, es decir, para revelar al otro su nueva identidad, el adolescente necesita diferenciarse, distinguirse (tanto en el sentido propio como en el figurado), principalmente de los adultos. Lo que necesita no es tanto “singularizarse”, sino expresar su singularidad –aquí las palabras no son intercambiables: la primera evoca el sabor (amargo) del reproche a la diferencia; la segunda, por el contrario, la sume como un hecho positivo--. (Fize, 2007). 


            La adolescencia es antes que nada una puesta en escena (social) de sí mismo, para sí mismo y también para estar convenientemente con los demás. Es una manera de presentarse ante el mundo. Implica tener marcas de identidad, como otros tantos signos de reconocimiento y de pertenencia. El atuendo es una de esas marcas, probablemente la más importante. La manera de vestir que es su primera función, informa sobre uno mismo, sobre la idea que uno se forma de sí mismo, y también de los demás. Es en cierto modo comunicación “no verbal”. Lo importante es lograr que con una simple mirada, el otro sepa dónde se ubica uno, a que “tribu” pertenece. Por lo tanto, hay que “estar a la moda”. Preocupación que, en realidad, siempre ha existido.

Lenguaje y cultura adolescente

            Los adolescentes tiene su propio lenguaje que se distingue del lenguaje “ordinario”. Lenguaje crudo, agresivo de los chicos (y cada vez más frecuente en las chicas). Poseen creatividad, dinamismo y adaptabilidad como sus valores más notables en su universo cultural. Existe una notable producción en la música, los deportes, los juegos. La cultura adolescente suele ser ruidosa, porque busca llamar la atención, significar la existencia. Y deja huellas por las mismas razones. Huellas en el cuerpo, huellas en la ciudad (como los grafittis). El grafitti precisamente tan criticado, no solo es un “estruendo visual” o un simple asunto de deterioro, sino también es la expresión de ciertas capacidades y habilidades: rapidez en ejecución –so pena de ser arrestado--, trabajo gráfico que requiere paciencia y constancia. La patineta no sólo es una historia de rebeldes subidos en curiosas tablitas, sino también una técnica (hasta el virtuosismo), una fraternidad.

            La cultura adolescente, más que nunca, aparece como una respuesta a esa identidad que la sociedad ya no ofrece a la joven generación, como una reacción a unos mecanismos de socialización agotados, estancados (escuela, trabajo, familia). Entonces los adolescentes se definen en su mundo sustituto en el que cada quien tiene su lugar, un mundo hecho de valores, sensibilidades, gustos y estilos particulares, y también compuesto de consumidores ávidos, frenéticos y precoces.


            Esta cultura perdura. Bajo el doble efecto del desarrollo de una sociedad del tiempo libre y de las dificultades de integración profesional, los adolescentes se arraigan en un mundo que les da consistencia a su existencia, Por lo tanto, no debe sorprendernos que, una vez que se han vuelto jóvenes adultos, conserven el gusto por unas prácticas o unas distracciones adquiridas durante su adolescencia. Estos jóvenes de 25 a 30 años suelen tener regresiones nostálgicas con algunos programas de televisión como los dibujos animados japoneses denominados “mangas”. (Fize, 2007).