lunes, 12 de agosto de 2013

¿Cuáles son las tareas vitales en los adolescentes?

            Todo ser humano tiene tareas vitales que cumplir, desde su nacimiento hasta la senectud. La tarea más perdurable que todos tenemos es la de crecer continuamente, tanto en racionalidad como en emocionalidad y capacidad de convivencia. Durante la adolescencia esta tarea central se manifestará como una etapa de reestructuración psíquica que conducirá a muchachas y muchachos –si todo sale bien, y a lo largo de una serie de eventos importantes—a transformarse en adultos. 


            La tarea central del adolescentes es la de conseguir esa transformación, al estudiar con cuidado sus procesos, podemos localizar una serie de tareas específicas o subtareas. Del cumplimiento de las mismas dependerá en buena parte el tipo de integración que alcance en la adultez. Se trata de una metamorfosis que implicará aspectos físicos, emocionales, cognitivos y sociales (Robles, 2011).

El dinero en la adolescencia

            Los adolescentes quieren tener dinero como todo el mundo. Por consiguiente, lo tienen (más o menos según el medio social –los grupos acomodados no siempre son los más generosos en este aspecto--). Fize (2007) refiere que la paradoja es la siguiente: si bien no disponen de ingresos (porque no trabajan), los adolescentes no carecen de recursos económicos.

            Los adolescentes reciben dinero de sus padres (para éstos a veces es una manera de mantener la paz familiar o de compensar una falta de disponibilidad), de sus abuelos, en los cumpleaños, en Navidad, durante las vacaciones de verano, etc. Al dinero de bolsillo que dan cada semana o cada mes, según las costumbres familiares, los padres añaden dinero para recompensar una buena boleta de calificaciones, el paso a un grado superior, una ayuda al quehacer de la casa, de tal suerte que el dinero disponible es a menudo cuatro a cinco veces superior al dinero de bolsillo propiamente dicho. Desde luego algunos adolescentes no cuentan con dinero. Entonces tienen que arreglárselas para conseguirlo. Algunos hacen pequeños trabajos. 



           Nuestra sociedad rinde un verdadero culto al dinero. Enseña muy pronto a los niños que, sin él, el “ciudadano” no tiene ningún valor social. Así es como el mundo adolescente es objeto de todas las apetencias comerciales (y más aún el de los niños, que se ha vuelto el mercado privilegiado).


            Actualmente todo incita a un consumismo precoz; los comerciantes se dieron cuenta de que la niñez representaba un formidable mercado por conquistar. En un mundo dominado por el dinero, se es antes que nada lo que se tiene. Es el dinero lo que permite ser alguien, el que proporciona una identidad. De modo que los bienes materiales resultan imprescindibles; los que no tienen nada no son nada, no tienen identidad. Es absolutamente indispensable poseer, si es necesario tomándolo por la fuerza o la astucia. Tomar lo que uno quiere cuando quiere significa de pronto volverse alguien (Fize, 2002). 

viernes, 9 de agosto de 2013

¿Los adolescentes son violentos?

            Los adolescentes tienen mala fama, especialmente los de los sectores pobres y los presentan como delincuentes, vándalos, ladrones o incluso violadores. La realidad es que hoy en día a muchos adolescentes les cuesta trabajo distinguir entre los permitido y lo prohibido; ya no tienen una justa apreciación de la gravedad de algunos de sus comportamientos y, por ejemplo, les es difícil considerar que una violación es algo más que un “juego” que acabó mal, que se trata de un atentado mayor contra la integridad física y moral de una persona, sancionable por la ley.

            Llegan a ser violentos e incluso criminales en parte debido que esto es el resultado de una violencia ejercida contra ellos, de naturaleza social. En pocas palabras; los adolescentes son violentos porque la sociedad es violenta. Al referirse a violencia social nos referimos a aquellas imputables al Estado o a las grandes instancias de socialización que actúan en su nombre: la escuela, la familia, etc. El fracaso y la presión escolar de alguna forma son una especie de violencia hacia los alumnos. 


            En el mundo adolescente, las desigualdades sociales persisten, fuertes y duraderas. En la escuela, el trabajo e incluso las diversiones, nunca dejan de existir, imperturbables. Entonces se enfurecen los más desheredados, los de las poblaciones periféricas de las ciudades porque les dan rabia tanta injusticia. A esta violencia social responden con violencias individuales o de grupo, a veces espontáneas o débilmente organizadas en bandas.

¿El adolescente moderno se deja seducir por utopías?

            No, de hecho no. El adolescente moderno ya no se deja seducir por las delicias de las utopías, ya no se embriaga con teorías. Al igual que el niño, del cual ya casi no se distingue, se deja absorber por el presente, por lo concreto. Ya no sueña con un mundo perfecto. Sólo desea que el mundo actual sea más justo, más equitativo. Esta sociedad dura, despiadada, ya no le da tiempo al adolescente para soñar, o mejor dicho, sus sueños se han vuelto “razonables”. Sus proyectos son claros: fundar una familia, tener hijos, un “buen” trabajo –es decir, interesante y gratificante--, y vivir en seguridad. En resumen, optan por una situación estable y moralmente decorosa. 


            Los adolescentes actuales, aunque no siempre expresen con palabras, no dejan de estar en busca de un ideal, de otras orientaciones sociales y colectivas. De un sistema coherente de ideas que dibuje la imagen de un universo “rehumanizado”; no se dejan engañar por la mercantilización que se presenta como una nueva ideología totalitaria. Necesitan inscribirse en una perspectiva histórica, “arraigarse en lo social”, contribuir con sus ideas y su personalidad, al renacimiento de un mundo más generoso, más solidario, en el que puedan realizar sus ambiciones.

jueves, 8 de agosto de 2013

¿En que creen los adolescentes?

            Los adolescentes dicen creer en el amor, en la amistad, en la fidelidad (pero poco en la religión o en la política). Defienden grandes principios republicanos: libertad, igualdad, solidaridad. Principios fundamentales que le dan un sentido a la existencia (su existencia), principios indisociables. Libertad en la cual han sido creados y que les es “natural”. Igualdad (al menos la de los derechos y de las oportunidades) que, cuando no se respeta, provoca su indignación y protesta (muchos movimientos estudiantiles nacen, como bien se sabe, a raíz de una violación de este principio, o de la sensación de que se está violando). Solidaridad, finalmente, que saben expresar cuando es preciso o en su vida cotidiana. (Fize, 2007). 

            En la realidad concreta algunos sentimientos de los adolescentes se expresan, otros no. Los adolescentes pueden comprometerse a favor de múltiples causas. También pueden mostrarse poco cooperativos e incluso francamente egoístas. A fin de cuentas están hechos a imagen de los adultos, a la vez puros e impuros, responsables e individualistas. Los adolescentes tiene, por lo general, una mirada un tanto desengañada sobre el mundo actual y ya no parecen creer en su transformación.


            Los adolescentes manifiestan un gran desconfianza, por no decir una franca hostilidad, hacia todos aquellos que detentan algunas claves del cambio: los políticos, los empresarios (que les parecen poco accesibles), la Iglesia, etc.