Al hablar de las
diferencias entre las adicciones del pasado y las actuales, consideramos que
entre unas y otras existen tres características distintivas fundamentales a
saber:
1)
La disponibilidad y la
comercialización (sea del tipo legal o ilegal) a lo largo de todo el planeta de
sustancias o productos que la contienen.
2)
La pérdida del sentido
simbólico y del valor cultural que tenían en el pasado muchas de las sustancias
actuales, que en aquel contexto se consumían de manera controlada, bajo ciertas
normas y como parte de un ritual.
3)
El cambio social que estimula
el individualismo, la búsqueda del placer inmediato y la satisfacción de todas
las necesidades que el individuo piensa que le son imprescindibles, lo cual le
hace caer más fácilmente en las adicciones.
Respecto a la primera,
hoy es indudable que la disponibilidad de sustancias y conductas con poder
adictivo es enorme. Además, se han miniaturizado, en el sentido comercial y
físico, con lo cual el transporte es más fácil y en cantidades casi ilimitadas
(Westermeyer, 1998). Por ejemplo, no es lo mismo el número de dosis para el
consumo que obtenemos de una tonelada de hoja de coca que de una tonelada de
cocaína. La segunda permite multiplicar de manera exponencial la cantidad de
dosis para el consumo.

Finalmente, los
cambios sociales, económicos, tecnológicos y de toda clase que hemos vivido en
los últimos 50 años han facilitado el cambio del tipo de hombre, en el más
amplio sentido. Desaparece la ruralización y se incrementa la urbanización, se
cambia el modo de producción, de intercambio de bienes, algunos optan por
adquirir sustitutos más accesibles que producen placer inmediato. Y allí, en
este placer inmediato, radica la mayoría de las adicciones. (Oblitas 2010).
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