viernes, 30 de agosto de 2013

La importancia de establecer relaciones de pareja en la adolescencia

            Con la maduración genital en los adolescentes, se incrementa repentinamente la atracción por el género complementario. Para satisfacer sus impulsos amorosos, tratarán de establecer relaciones de pareja, hecho que les exigirá la elaboración de comportamientos de convivencia finos y versátiles. La construcción de estos comportamientos tienen un valor extremo porque ello constituye la oportunidad de alcanzar múltiples logros de relación humana madura; actitudes tales como la solidaridad, la empatía y la tolerancia son algunos de sus frutos necesarios. Pero si las oportunidades de convivencia sana se frustran o se desvían, entonces la relación de pareja puede dar lugar a la construcción de actitudes de abuso e irresponsabilidad. 



            Lograr relaciones armónicas de pareja trascenderá en el tono general de los comportamientos sociales, en la mejor formación de los hijos y en la configuración de una sociedad más libre de agresiones y delitos. (Robles, 2007).

¿Qué es el periodo de narcisismo secundario?

Ramírez (1987) menciona que en función del desarrollo emocional, el ser humano necesita desarrollar una diferenciación completa de 3 grandes áreas llamadas I. Placer-Displacer, II. Interno-Externo y III. Representación del Self-representación de Objeto (es decir, representación de sí mismo y representación de los demás). Para lograr estas diferenciaciones el sujeto debe pasar por una serie de periodos llamados 1-. Autoerotismo, 2-. Narcisismo Primario, 3-. Anaclisis, 4-. Narcisismo Secundario y 5-. Complejo de Edipo. (Freud).

4-. NARCISISMO SECUNDARIO:

El narcisismo secundario como concepto fue utilizado por Freud en 1914 para connotar un fenómeno patológico: La retirada de catexis de objeto y su retorno al yo para formar una realidad restitutiva, característica de los cuadros psicóticos (Freud, 1914).
Naturalmente, el concepto evolucionó, sobre todo a partir de 1923, cuando Freud conceptualiza que el carácter del yo se forma de los precipitados resultantes de la retirada de las catexias de los objetos y su ulterior depósito en el yo; que esto era un fenómeno normal al que se llama identificación, y que probablemente es la manera principal como el yo se hace de energías instintuales neutralizadas al ligarse a la representación del objeto abandonado. Y la explicación psicoanalítica de la esquizofrenia se dirigió más hacia la hipótesis económica haciendo resaltar la poca capacidad de neutralización de estos pacientes, como lo señala Hartmann (1950). 

Así, el narcisismo secundario, se coloca como el período de las internalizaciones en forma de mecanismos de identificación que permiten el crecimiento de la estructura del yo. Estando ya en el período de separación-individuación, al entrar al período de práctica y superada la subfase de separación, al niño se le presenta la oportunidad de recobrar la omnipotencia cedida al objeto a partir de sus logros en la fase de práctica, apoyados éstos por el creciente dominio de sus funciones de autonomía primaria y por la adquisición de la magia del lenguaje. Aquí se presenta el tercer organizador de Spitz: “la comunicación semántica” que tiene como indicador el no, Esta respuesta está denotando dos fenómenos muy importantes: El primero es la afirmación de la autonomía, que es tanto como decir que el niño ya sabe que él es él, y no una parte de otra cosa; y el segundo es que al recurrir a un gesto verbal, está demostrando una capacidad de control interno, que presupone que las internalizaciones están ya operando.


En este momento la omnipotencia de nuevo llega a su cúspide y el niño se encuentra en el romance con el mundo, su individuación progresa a pasos acrecentados, y sin embargo, el mundo no siempre es parte de su omnipotencia y esto precipita la crisis de reaproximación, tan bien descrita por Mahler. Esta es la última gran crisis de la primera infancia, donde, ante la amenaza de que el mundo y sus propios impulsos hacen sobre la estructura del niño, le llevan a buscar la solidez del regazo materno, en búsqueda de una confirmación de su valor, de un principio de su autoestima que al serle confirmada se internaliza y prepara al niño al logro de nuestro quinto período.

jueves, 29 de agosto de 2013

El ámbito de la interacción humana de transformación adolescente

            Existen 4 grandes estados o esferas de transformación adolescente (ámbito biológico, ámbito cognitivo, ámbito emocional y ámbito de la interacción humana).

            Robles (2007) refiere que en cuanto a la esfera de las interacciones humanas en la adolescencia que cuando el adolescente se desarrolla normalmente, este muestra gran interés por la participación grupal y por los problemas sociales. Manifiesta muy frecuentemente importante altruismo y ejerce crítica, a veces demoledora, en relación con los acontecimientos de su entorno.

            El adolescente manifiesta una vigorosa tendencia hacia la participación en grupos de iguales o contemporáneos. Es esta tendencia instintiva a la que se debe la formación, en esta edad, de las bandas de iguales o de los grupos de amigos. Siendo una interacción necesaria, los mejores grupos son los que se forman en la escuela o en el trabajo; también como organizaciones sociales tales como equipos deportivos, de excursionismo, o dedicados a alguna afición productiva. 


            Suelen ser negativos, en cambio en los grupos que se forman para el pasatiempo vacío o la actividad negativa: alcoholismo, adicciones o delito. Es de notar que si el adolescente no tiene la posibilidad de unirse a grupos positivos, muy probablemente lo hará con negativos.

            Cuando el adolescente se une a grupos destructivos se ve presionado a cumplir con códigos no escritos, los cuales suelen ser nefastos. De aquí que como medida general profiláctica, se requiera la disponibilidad de espacios suficientes de escolaridad, trabajo, recreación sana para los adolescentes de todos los grupos sociales.


            Resulta fundamental en los adolescentes el que asistan a la escuela, por lo menos hasta el fin de esta etapa, pues esta asistencia implica ya la pertenencia a un grupo de tipo creativo; no sólo abre las puertas hacia una mejor comprensión del complejo mundo en que vive, sino hacia un mejor nivel laboral y económico, y hacia un mayor reconocimiento familiar y social. Le permite, además, la generación de comportamientos de participación y colaboración, junto con toda una gama de habilidades de interacción humana, que tendrán trascendencia durante toda la vida del adulto.

¿Qué es el periodo de anaclisis?

Ramírez (1987) menciona que en función del desarrollo emocional, el ser humano necesita desarrollar una diferenciación completa de 3 grandes áreas llamadas I. Placer-Displacer, II. Interno-Externo y III. Representación del Self-representación de Objeto (es decir, representación de sí mismo y representación de los demás). Para lograr estas diferenciaciones el sujeto debe pasar por una serie de periodos llamados 1-. Autoerotismo, 2-. Narcisismo Primario, 3-. Anaclisis, 4-. Narcisismo Secundario y 5-. Complejo de Edipo. (Freud).

3-. ANACLISIS:

Este período va a plantear por primera vez la existencia del “objeto” como algo externo al niño.

Winnicott (1953, 1956, 1960) ha llamado la atención sobre la importancia que tiene el comportamiento de la madre u “objeto” con su hijo, como un mediador para que éste sea capaz de manejar su ambiente y en consecuencia aprender de él, hasta ser capaz de satisfacer sus necesidades de una manera autónoma.

Freud (1917) define al “objeto” como: “aquel en el cual, o por medio del cual, puede el instinto alcanzar su satisfacción…” y, continúa: “…es lo más variable del instinto, no se encuentra enlazado a él originalmente, sino subordinado a él a consecuencia de su educación, al logro de su satisfacción. No es necesariamente algo exterior al sujeto, sino que puede ser una parte cualquiera de su propio cuerpo y es susceptible de ser substituido por otro durante la vida del instinto.”

Este tercer período, denominado por Freud “anaclítico” (“dependiente del objeto”), sugiere una renuncia de la “omnipotencia mágica compartida” del período simbiótico y su cambio por una “dependencia hacia el objeto”, el cual se percibe “en el exterior”, pero del cual no se tiene conciencia de que sea diferente del self, sino que oscila en la concepción de si el “self” forma parte de ese objeto externo todopoderoso, o si éste es simplemente una extensión de ese “self” destinado a satisfacer las necesidades del sujeto desde el exterior. Esta oscilación es señal clara de que si bien ya hay diferenciación entre el placer y displacer, y entre lo percibido como externo, aún no se logra la diferenciación de los límites entre la representación del self y la de los objetos.

Sin duda, a este período corresponde la mayor dificultad teórica y clínica en su determinación y aquí es donde los autores difieren más. Kernberg plantea su tercer período “diferenciación de las representaciones del self de la de los objetos”, como coincidiendo con la fase de práctica y de reaproximación de Mahler, y deja el proceso de separación ubicado dentro del estadio simbiótico, En 1976, él ubica la organización borderline hacia el final del período 3, en concordancia con las ideas de Mahler; pero tanto en 1980, como en 1984, extiende el periodo señalando que los casos más graves de pacientes borderline, se encuentran más hacia el inicio de la fase tres o al final de la dos. De cualquier forma el planteamiento de Kernberg no parece claro al respecto de si para él el proceso de diferenciación externo-interno y el de representación del self-representación del objeto se dan simultáneamente, lo cual no parece plausible, ya que para Spitz, el reconocimiento de la cara de la madre es puramente cognitivo, con lo cual estaría de acuerdo con Piaget (Chardon-Michaca 1984). Pero ese reconocimiento carece de representación interna, tal como se puede observar en la reacción de angustia en los niños al perder el contacto visual con el objeto del cual dependen en forma absoluta; inferimos de ello que en el inicio de la Anaclisis no ha procesos de internalización eficiente y por tanto es difícil hablar de un mundo representacional como tal.

Resumiendo, en el período anaclítico se presentan los siguientes procesos:

a)     El reconocimiento de un objeto externo (cognitivo) del cual depende el sujeto, al que le atribuye toda la omnipotencia.
b)    Una marcada maduración de los aparatos de autonomía primaria del yo, en especial la percepción, motilidad, memoria y umbrales.
c)     El uso del mundo externo en una función de complementación, ya sea que el objeto se sienta parte de ese mundo externo o que lo viva como una extensión de su self.
d)    La existencia de un “self cohesivo” muy vulnerable, tanto a la amenaza de fusión por parte del objeto como a un abandono por parte de éste, ambas situaciones temidas y deseadas.
e)     Un conflicto de intereses entre las fuerzas autónomas del yo que “empujan” al niño a separarse del objeto y los deseos regresivos de compartir la omnipotencia del objeto característico del período simbiótico.
f)     El uso del mecanismo de escisión para tratar de manejar los conflictos de la etapa. 

Estableciendo el punto de que la adquisición del “self cohesivo” (Kohut 1971) se da en esta fase, parece importante situar el escenario en que se va a producir esta cohesión, su forma y su propósito.

El continuo éxito se encuentra en la situación de que al salir de la simbiosis ha perdido su sentimiento de omnipotencia, o dicho de otra manera, su equilibrio narcisista, el cual había sido sostenido por una “buena modernización” (Winnicott, 1953) durante la etapa narcisista. 


El continuo éxito, sólo interrumpido por frustraciones óptimas de los deseos del niño, fortalecieron su confianza básica y lo prepararon para entrar a la fase de separación donde el trasladarse la omnipotencia al objeto, le deja inerme y a merced de éste. Si la situación simbiótica fue óptima, la angustia ante extraños se verá pronto mitigada y la fuerza de las funciones de la autonomía primaria va a permitir la expansión de sus horizontes.

De todas las funciones que el self object  (Kohut 1971) ha tenido que realizar para el niño, una de las más importantes es la de tranquilización, de calma, así como proveer de un alivio para la ansiedad desorganizante producto del displacer extremo. Cuando el niño en la Anaclisis adquiere la conciencia de la existencia del objeto “madre” en su exterior, ese objeto debe realizar la función de tranquilizador preventivo y de aliviador de los estados de ansiedad “impensable” a la cual aun es muy proclive, sobre todo frente al abandono. Marian Tolpin (1971) hipotetiza, siguiendo parcialmente a Winnicott (1953), que la función adscrita a la madre, se desplaza a un objeto transicional, quien cumple, desde luego con la complicidad del niño, con esa función específica de tranquilizador preventivo y curativo, que la madre había desarrollado, pero ahora en un objeto que puede ser controlado por el niño. El objeto transicional (cobija, etc.) representa un estado intermedio que posteriormente es decatectizado e internalizado (vía internalización trasmutadora) y al asumir la función desde adentro hace innecesario al objeto transicional, al cual, sin embargo, no se le abandona del todo, ya que permanece como en reserva en caso de ser necesitado frente a una situación de amenaza mayor que lo usual. De ahí que en un momento dado se pueden observar en operación simultánea los tres niveles de tranquilizador: La madre, el objeto transicional y la función internalizada cuyo mérito fundamental es mantener la cohesividad del self frente a las amenazas de irrupción masiva de ansiedad de abandono o de fusión.


Nos hemos detenido un poco más en este período, porque aquí se plantean las operaciones patológicas que cada vez más tenemos que enfrentar en nuestra práctica profesional, y comprender mejor las situaciones intrapsíquicas y el comportamiento de las relaciones objetales a este nivel nos proporciona la base para desarrollar estrategias de tratamiento. Este período, por lo demás crítico, cuando es superado con ayuda de una buena madre, nos lanza a nuestro cuarto período propuesto.