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miércoles, 28 de agosto de 2013

¿Qué es el periodo del narcisismo primario?

Ramírez (1987) menciona que en función del desarrollo emocional, el ser humano necesita desarrollar una diferenciación completa de 3 grandes áreas llamadas I. Placer-Displacer, II. Interno-Externo y III. Representación del Self-representación de Objeto (es decir, representación de sí mismo y representación de los demás). Para lograr estas diferenciaciones el sujeto debe pasar por una serie de periodos llamados 1-. Autoerotismo, 2-. Narcisismo Primario, 3-. Anaclisis, 4-. Narcisismo Secundario y 5-. Complejo de Edipo. (Freud).

2-. NARCISISMO PRIMARIO:

Pasando al segundo período, según S. Freud (1914) existen “zonas erógenas” preformadas que poseen “a priori” una determinada capacidad para serlo, generalmente relacionada con necesidades fisiológicas. Menciona: “La primera actividad para el bebé, y la de más importancia vital, es la succión del pecho de la madre (o de sus subrogados)…”; esta actividad permite al niño empezar a diferenciar las sensaciones placenteras de las displacenteras, algo que en el período autoerótico no se daba.

No es sino hasta que se establece la “percepción diacrítica” (Spitz 1960), esto es, hasta que se liga la percepción de un rostro humano (usualmente el de la madre) con el acto placentero del amamantamiento, que se inicia la existencia de un “otro”, que proporciona el placer o provoca el displacer, pero este otro aún no es percibido como “externo”, sino formando parte del mismo sujeto.

Se forma así una primera relación sujeto-objeto donde ambos son experimentados como una unidad (huevo simbiótico) y donde la cualidad-afecto placer-displacer se adscribe a uno u otro polo indistintamente. De lo anterior parece quedar claro que durante esta fase se inicia la diferenciación entre la sensación de placer y la de displacer, estableciéndose una relación de “espejo” en la que el niño visualiza a la madre como una parte de sí mismo que aparece cuando la necesidad ha alcanzado su nivel optimal (Rapaport 1951) y la descarga se hace imperativa. La fugaz aparición de la madre y la gratificación que de ella se deriva cierran un ciclo de omnipotencia en el niño, por esta razón Freud (1914) llama a este estadio “narcisismo primario”, planteando que si bien hay una díada interactiva entre la madre y el niño, desde el ángulo de este último, la madre forma parte de un sistema cerrado, que se autocontiene.

Otros autores han aportado datos y conceptos valiosos en referencia a esta época de desarrollo. Ferenczi (1911, 1914) al hablar de la evolución del sentimiento de omnipotencia, implica que durante este período hay una predominancia de la “omnipotencia del gesto”, es decir, que hay una vinculación entre el llanto y la aparición del pecho, como si éste respondiera al llamado del gesto, más aun cuando el niño ya no requiere de gestos dramáticos para llamar a la madre y desarrolla gradualmente patrones de demora que podrían sugerir, en las palabras de Kohut (1971) un proceso de “internalización trasmutadora”, un retirar catexias frente a la “frustración optimal”, que constituyen, internamente sistemas de “tranquilización” ante la angustia desintegradora provocada por la falta de gratificación del impulso, o tal vez, por la falta de respuesta humana empática.

Desde la observación clínica de infantes realizada por Spitz (1960) se comprueban las hipótesis anteriores. Al observar la sonrisa del tercer mes, Spitz plantea el concepto de un primer organizador que denominó “percepción diacrítica”, que integra, por una parte la sensación de gratificación de un impulso, al reconocimiento de un patrón neural de la cara humana, lo que elicita en el niño una sonrisa como respuesta al rostro humano. Este primer organizador parece coincidir con la plenitud del proceso simbiótico humano. Este concepto de “simbiosis humana”, debido a Mahler (1960), hace énfasis en un fenómeno que no ha sido siempre cabalmente comprendido: El hecho de que para que se pueda hablar de un proceso intrapsíquico en el ser humano, se hace necesario un proceso de desarrollo que se da a partir del nacimiento y que toma algún tiempo para su realización. De manera que en la formación de los seres humanos se puede hablar de dos embarazos: uno biológico que toma nueve meses y otro psicológico que en su parte esencial toma por lo menos los primeros seis meses de la vida extrauterina, pero que para su cabal realización toma los cinco primeros años de la vida.

No puede exagerarse la importancia que para la formación de la psique humana tiene estos primeros meses de vida. En este período deben ocurrir procesos que permiten la adquisición de seguridad básica, el sentimiento de pertenencia a la especie, la puesta a prueba de nuestra capacidad de omnipotencia, el germen de nuestras relaciones de objeto, externas e internas, además de los procesos de maduración de los aparatos del yo responsables del área de autonomía primaria, y los primeros choques entre nuestras necesidades impulsivas y la demora que se impone desde el exterior, que de alcanzar su punto optimal, nos lleva a una mayor estructura del yo, o, en caso contrario nos precipita a un proceso psicótico.

Planteado de esta forma, el proceso simbiótico o de narcisismo primario, el “embarazo psicológico”, implica la existencia de dos organismos en cerrada interacción. Por una parte un niño en desarrollo, que tiene una serie de necesidades a satisfacer y una serie de habilidades, casi todas en desarrollo, que son sus únicas armas para lograr satisfacer dichas necesidades; y por otra parte una madre, un ser humano que va a asistir (en sus dos sentidos: presenciar y ayudar) a que el niño logre sus metas que son sobrevivir como organismo, vía la satisfacción de sus necesidades instintivas y, convertirse en un ser humano. No se discute que el niño ya es un ser humano, en sí mismo, sino que para el logro de la realización de esa potencialidad humana, requiere de la asistencia de otra persona. Desde los planteamientos de Hartmann (1939) se sabe que una parte de la estructura del yo está ahí desde el nacimiento y que se encuentra dotada de aparatos para lograr una adaptación a un medio probable. Estudios recientes (K. Kaye, 1982) de la conducta temprana del bebé han confirmado esto, en una serie de experimentos que muestran cómo el bebé actúa de manera tal que induce la respuesta por parte de su madre a satisfacer sus necesidades de contacto (de estimulación), y que aunque no se da una comunicación bipartita real, en el sentido de una intencionalidad de ambas partes, sí se establece un diálogo, que como una ficción introduce al niño al rol humano.


Este período simbiótico o narcisista primario es coincidente con el periodo de dependencia infantil de Fairbain, y de dependencia absoluta de Winnicott, con el período preobjetal de Spitz y aparece en esta etapa su primer organizador. Corresponde también a la etapa de las relaciones self objeto indiferenciadas de Kernberg y su final corresponde al inicio del estadio del self cohesivo de Kohut. En este período se presenta la falla básica según Balint y la culminación del período esquizoparanoide de Klein.

martes, 27 de agosto de 2013

¿Qué es el periodo del autoerotismo?

Ramírez (1987) menciona que en función del desarrollo emocional, el ser humano necesita desarrollar una diferenciación completa de 3 grandes áreas llamadas I. Placer-Displacer, II. Interno-Externo y III. Representación del Self-representación de Objeto (es decir, representación de sí mismo y representación de los demás). Para lograr estas diferenciaciones el sujeto debe pasar por una serie de periodos llamados 1-. Autoerotismo, 2-. Narcisismo Primario, 3-. Anaclisis, 4-. Narcisismo Secundario y 5-. Complejo de Edipo. (Freud).

1-. AUTOEROTISMO:

En relación al período 1, autoerotismo, para algunos autores se usa como sinónimo de narcisismo primario, no diferenciándolo de éste; sin embargo, al describir el desarrollo psicosexual, S. Freud (1914) nos habla de una primera etapa o fase a la que llama “autoerotismo” enfatizando que: “…el carácter más notable de esta actividad sexual lo constituye el hecho de que el instinto no se orienta hacia otras personas, encontrando su satisfacción en el propio cuerpo, esto es, es un instinto autoerótico, para calificarlo con el neologismo puesto en circulación por H. Ellis.”

Este periodo tiene como característica el sentimiento de omnipotencia total, de sincretismo (armonía, concordancia, conciliación, condensación, etc.) total, ausencia de todo proceso de diferenciación, aun de los más primarios, pues, como señala Jacobson, el periodo autoerótico se puede definir como un estadio de existencia de un “self psicofisiológico primario silencioso” donde la excitación de origen instintual no se puede diferenciar entre agresiva o libidinal, placentera o displacentera y donde los estados tensiónales provocados por estimulación externa o interna son descargados por canales preformados visceralmente o motora y excretoramente. Durante el tiempo que dura esta fase, que es muy variable, se encuentra funcionando la “barrera de estímulos primaria” que describe Spitz, que protege al niño del exceso de estimulación.

Como se observa, este período es aceptado por casi todos los autores, correspondiendo al de dependencia absoluta de Winnicott, self psicofisiológico primario silencioso de Jacobson, autismo normal o periodo sin objeto de Spitz, autismo normal en Mahler, estadio primario indiferenciado o autismo normal de Kernberg y estadio del self fragmentado en Kohut. En el caso de Klein no acepta este período ya que desde el inicio de la fase esquizoparanoide, ella piensa en la existencia de la estructura del ego, y de la presencia de protofantasías (representaciones de los impulsos de vida y muerte).


Respecto de los cuestionamientos últimos del grupo de Margaret Mahler, en relación a un mayor grado de actividad en el infante humano desde la primera semana de vida extrauterina, en una fase que están pensando denominar “búsqueda de acomodo en el mundo”, los experimentos encontrados hasta ahora parecen indicar que lo que se desarrolla más tempranamente de lo que se pensaba son las áreas de autonomía primaria, que sólo son eficientes en el desarrollo de las relaciones de objeto cuando se alcanzan los estadios de diferenciación adecuados. Parecería que lo que se está discutiendo, en el fondo de este asunto, es la existencia o no de un período temprano de grandiosidad del self normal, en el que, como señalaba, están de acuerdo casi todos los autores consultados; así como están unánimes en que una detención en esta etapa, un mantenimiento de la barrera primaria de estímulos, conduce a una patología autista.