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viernes, 5 de julio de 2013

Perfiles psicopatológicos específicos en las víctimas de delitos violentos


            En España, Echeburúa et. al. (2002) realizaron un estudio sobre las víctimas de delitos violentos en el cual se concluye que: Tanto en las agresiones sexuales como el terrorismo y, en menor medida, la violencia familiar constituyen sucesos negativos que generan con una gran frecuencia e intensidad el trastorno de estrés postraumático.

            Es sin duda, el carácter reciente del trauma, cualquiera que éste sea, la variable más relevante y la que hace más probable la presencia y, en su caso, la gravedad del trastorno de estrés postraumático. No deja de ser llamativo que, a pesar de ello, casi dos tercios de las víctimas no recientes, que han estado expuestas al trauma hace ya muchos meses e incluso años, padezcan el trastorno de estrés postraumático o, al menos, el subsíndrome. Las conductas de evitación son las que tienden más fácil a cronificarse a diferencia de otras reacciones ante situaciones de duelo –revés económico, desengaño amoroso, pérdida de un ser querido, etc.-, este cuadro clínico no remite espontáneamente con el transcurso del tiempo y tiende a cronificarse.


            Respecto a la violencia familiar, el trastorno de estrés postraumático está presente en casi la mitad de la muestra (sin distinciones entre el maltrato físico y el maltrato psicológico ni en cuanto a la frecuencia del trastorno ni en cuanto a la gravedad del mismo), que, aún siendo un porcentaje por debajo del existente en las agresiones sexuales, es, sin embargo, clínicamente relevante, lo que resulta congruente con los datos obtenidos en otros estudios (Dutton-Douglas et. al. 1994).

            Por lo que se refiere al ámbito específico del terrorismo, se tienden a observar perfiles psicopatológicos diferentes según sea el tipo de victimización sufrido. En concreto, en las víctimas de atentado destacan los síntomas de re experimentación y de hiperactivación; en los de secuestro, la amnesia psicógena o los síntomas disociativos, quizá porque en este caso los síntomas responden a un deseo de olvidar una experiencia traumática prolongada y de la que han derivado consecuencias indeseables (alteraciones crónicas de salud, pago de un rescate, etc.).

            Por último, y a pesar de todo lo expuesto, muchas personas se muestran resistentes a la aparición de miedos intensos, de gravedad clínica, tras la experimentación de un suceso traumático, Ello no quiere decir que no sufran un dolor subclínico ni que no tengan recuerdos desagradables, sino que, a pesar de ello, son capaces de hacer frente a la vida cotidiana y pueden disfrutar de otras experiencias positivas (Avia y Vázquez, 1998; Seligman, 1990).

miércoles, 26 de junio de 2013

Causas que generan daño psicológico en víctimas de delitos violentos


            Lo que genera habitualmente daño psicológico suele ser la amenaza a la propia vida o a la integridad psicológica, una lesión física grave, la percepción del daño como intencionado, la pérdida violenta de un ser querido y la exposición al sufrimientos de los demás, más aún si se trata de un ser querido o de un ser indefenso (Green, 1990).

            El daño generado suele ser mayor si las consecuencias del hecho delictivo son múltiples, como ocurre, por ejemplo, en el caso de una agresión sexual con robo o en el de un secuestro finalizado con el pago de un cuantioso rescate por parte de la familia de la víctima.

            En el caso de heridas físicas como consecuencia del delito violento, el daño psicológico adicional es mayor que si no hay lesiones físicas. Sin embargo, los heridos graves tienen con frecuencia un mejor pronóstico psicológico que los más leves porque se les conceptualiza fácilmente como víctimas y cuentan, por ello, con un mayor grado de apoyo social y familiar.

            Por lo que a las víctimas indirectas se refiere, el daño psicológico experimentado es comparable al de las víctimas directas, excepto que éstas hayan experimentado también lesiones físicas. En el caso de terrorismo, la gravedad psicológica de la víctima indirecta es mayor cuando la víctima directa sobrevive al atentado, pero queda gravemente incapacitada y requiere grandes cuidados, que cuando ésta fallece (Echeburúa et. al. 2001).