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lunes, 20 de octubre de 2014

El modelo de salutogénesis

            El sociólogo israelí Antonovsky (1988), desarrolló un modelo de génesis de la salud o salutogénesis, que se ocupa de los factores que contribuyen a que las personas permanezcan sanas a pesar de condiciones desfavorables o muy negativas. Investigó mujeres que estuvieron detenidas en campos de concentración, entre las cuales descubrió que 29% gozaban de buen estado físico y psíquico a pesar del horror padecido. Destacó entre ellas, como recurso personal central de su éxito adaptativo, lo que denominó “vivencia de coherencia”.

            La vivencia de coherencia es una orientación global que expresa en qué medida alguien posee una sensación de confianza generalizada, duradera y dinámica, 1) de que los acontecimientos del propio mundo interior y del entorno son estructurados, predecibles y explicables, 2) de que hay recursos disponibles para enfrentar las exigencias derivadas de dichos sucesos y 3) que estas exigencias representan desafíos por los cuales vale la pena comprometerse (Antonovsky, 1988).

            Los tres componentes básicos de la vivencia de coherencia fueron denominados: 1) sentimiento de comprensibilidad: es la idea que espera estímulos previsibles, o por lo menos, si son sorpresivos, estructurables y explicables, 2) sentimiento de factibilidad: se refiere a la percepción de disponer recursos para afrontar las exigencias. A diferencia de la teoría atribucional, no se trata únicamente de recursos que uno puede controlar, sino todo tipo de recursos, propios y de otros (familiares, amigos, compañeros, profesionales) e incluso de Dios, 3) sentimiento de sentido: es la creencia que la vida tiene un sentido o existe alguna explicación aun para cosas desgraciadas o absurdas. Este enfoque tiene mucha similitud con el concepto de “voluntad de sentido” de Frankl (1982, 1991).


Hospital Médica Sur: Puente de Piedra No. 150. Torre I Consultorio 430 4to. Piso Col. Toriello Guerra, Tlalpan. C.P. 14050. México, D.F. Tel. 5524-3051. terapiainfantilyjuvenil.blogspot.mx


viernes, 17 de octubre de 2014

Concepto de ajuste al estrés

            En la literatura científica existen diferencias importantes en la manera de adaptarse a las mismas situaciones estresantes. Mientras que algunas personas son capaces de lograr un ajuste fácilmente (al menos aparentemente) a tales situaciones (por ejemplo, ante una enfermedad crónica), otras tienen enormes dificultades para adecuar su comportamiento y experiencias emocionales a la misma situación. Las investigaciones se han focalizado en distintos factores explicativos de esas diferencias, como puede ser la edad, la experiencia previa con situaciones similares, el apoyo social, las expectativas de los sujetos, factores de personalidad y otros.

            Corresponde precisar que cuando aquí hablamos de “ajuste” no lo hacemos como un atributo interno de la conducta, ya que en ese sentido toda conducta es de ajuste o adaptativa, sino en el sentido de ajuste eficaz o bien logrado. Este concepto implica que el sujeto es entendido en relación activa con el mundo o el entorno. No está en contraposición ni en dependencia con el medio, sino en un intercambio dinámico, interactivo, que configura una praxis de transformación propia y de lo real en el traslado constante de acciones y reacciones. Según la teoría transaccional de Lazarus (1986), se trata de los procesos cognitivos y actos adaptativos “que desarrollan para manejar las demandas específicas externas y/o internas que son evaluadas como excedentes o desbordantes de los recursos del individuo”. En otros términos, implica aquellas estrategias de ajuste que permiten al individuo adecuarse a los requerimientos de las situaciones desafiantes, tanto de su entorno como de sus necesidades y aspiraciones personales.

            Existen varios modelos que intentan explicar el ajuste. Quizás el más conocido es el de Bandura (1978), que postula el principio del determinismo recíproco. Este paradigma es representable mediante un esquema triangular, cuyos vértices corresponde a la situación (S), la personalidad (P) y la conducta (C). El determinismo no es simétrico ni recíproco en todos sus aspectos, sino irregular debido a la diferente gravitación de las variables en juego. La crítica que se formula a este modelo es su carácter estático y fijo, es decir, está concebido como un fenómeno sincrónico. 

            Fierro (1997) propone un modelo superior al triángulo del determinismo recíproco de Bandura, de hecho este nuevo modelo llamado “modelo de las determinaciones mutuas” es de carácter diacrónico, que se representa mediante un diagrama cinético (o cinematográfico) que trata de dibujar como corre a lo largo del tiempo la película de las influencias mutuas entre las instancias en juego. En él, además, en una doble franja, superior e inferior, se indica que un conjunto de eventos, de procesos, en gran medida independientes del triángulo básico, inciden desde afuera, en él: en la secuencia de las situaciones suceden acontecimientos del todo exógenos, extraños; en la persona agente se producen sucesos biológicos no generados por los otros dos vértices del triángulo. Es así como aparece una figura del determinismo recíproco bastante más compleja. (Oblitas, L. et al., 2010).


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lunes, 6 de octubre de 2014

Estrés: 4 tipos de carga alostática.

            Por “carga alostática” se entiende el desgaste que se padece durante la adaptación a las situaciones estresantes. McEwen (1988) ha precisado cuatro tipos de carga alostática:

            1-. En el primer tipo está provocada por el estrés puntual, aquel que causa una respuesta física inmediata. Una persona tiene que acudir a una cita importante y un atasco de tráfico le impide llegar a tiempo. Esa situación desencadena un estrés inmediato. Como consecuencia, se eleva la tensión arterial, lo que puede incrementar las probabilidades de infarto en las personas con factores de riesgo.

            2-. La segunda clase es la respuesta normal, pero mantenida, constante al estrés. Es el resultado a una exposición prolongada a las llamadas hormonas del estrés (las catecolaminas, adrenalina y noradrenalina, que son sustancias que libera el sistema nervioso simpático, y los glucocorticoides). Determinados profesionales, tales como ejecutivos, pilotos de avión, médicos o enfermeros de terapia y colectiveros son los que más sufren este tipo de carga alostática.

            3-. El tercer tipo se configura cuando la respuesta física al estrés se prolonga en el tiempo. Está demostrado, por ejemplo, que las mujeres depresivas sufren una pérdida de masa ósea. Estas féminas, cuya carga alostática es crónica debido a su estado mental, poseen concentraciones elevadas de cortisol que inhibe la formación de hueso.

            4-. Finalmente, el cuarto tipo de carga alostática se produce por una respuesta física inadecuada al estrés. Es decir, cuando uno de los sistemas no responde correctamente ante la amenaza del estímulo, el organismo actúa mediante la activación de otros sistemas que no suelen ser los corrientes. Si una situación tensa no eleva los niveles de cortisol de un individuo, por ejemplo, su fisiología tiene que compensar esa deficiencia con un aumento de citoquinas inflamatorias. Ensayos con ratas han demostrado que las consecuencias de esta respuesta anormal aumentan la susceptibilidad de estos animales a padecer trastornos auto inmunológicos o inflamatorios. (Oblitas, L. et al., 2010).


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