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miércoles, 26 de noviembre de 2014

Estrategias de afrontamiento al estrés según McCubbin

            McCubbin (1987) investigó el afrontamiento de los adolescentes y describe 12 patrones de afrontamiento al estrés, los cuales son:

·      Ventilando sentimientos (ventilatting feelings): es la expresión de las tensiones y las frustraciones.
·      Buscando diversiones: escapar de las fuentes de tensión, mirando películas o jugando videojuegos.
·      Desarrollando la autoconfianza y el optimismo: los esfuerzos por ser más organizados, asumiendo la situación.
·      Búsqueda de apoyo social: focalizado en conectarse con otra gente a través de la expresión de los afectos y la resolución mutua de los problemas.
·      Resolviendo los problemas familiares: hablando con los padres o buscando entrar en razones con ellos.
·      Evitando problemas: usando sustancias como un camino de escape para no enfrentar las dificultades personales.
·      Búsqueda de apoyo espiritual: por ejemplo, concurriendo a la iglesia, orando y hablando con el ministro religioso.
·      Involucrándose con amigos íntimos: teniendo amigos o amigas con quienes compartir.
·      Búsqueda de apoyo profesional: acudiendo a un consejero profesional o a un profesor.
·      Integrándose en actividades: trabajando en proyectos, proponiéndose logros, metas u objetivos.
·      Teniendo buen humor: buscando el sentido del humor y siendo divertido.
·      Relajación: orientado a aliviar las tensiones, comiendo, durmiendo de día, conduciendo el automóvil y otras conductas por el estilo.



Hospital Médica Sur: Puente de Piedra No. 150. Torre I Consultorio 430 4to. Piso Col. Toriello Guerra, Tlalpan. C.P. 14050. México, D.F. Tel. 5524-3051. terapiainfantilyjuvenil.blogspot.mx

martes, 25 de noviembre de 2014

Estrategias de afrontamiento para el estrés

            El afrontamiento es una forma de manejar el estrés con una finalidad adaptativa. Se ha definido al afrontamiento como “aquellos esfuerzos cognitivos y conductuales constantemente cambiantes que se desarrollan para manejar las demandas específicas externas y/o internas que son evaluadas como excedentes o desbordantes de los recursos del individuo” (Lazarus, et. al., 1986). Desde esta perspectiva “manejar”, aunque es un término general, es claro para explicar la idea de maniobrar y en cierta manera “negociar” --como dice Fierro (1997)--, entre las fuerzas internas y del entorno, que no siempre se hace de la manera más eficaz, sino “como uno pueda”. Es extraer recursos cuando no los hay, “sacar fuerzas de la flaqueza”, “salir adelante” de la mejor manera posible. Lazarus y Folkman (1986), identificaron dos modos diferentes de afrontar el estrés, uno “dirigido a manipular o alterar el problema y el afrontamiento dirigido a regular la respuesta emocional a que el problema da lugar”, es decir, “el afrontamiento dirigido al problema” y “el afrontamiento dirigido a la emoción”. Posteriormente (Folkman y Lazarus, 1985; 1988), fue sistematizado y evaluado en 8 estrategias específicas, tres correspondientes al modo centrado en el problema (confrontación, búsqueda de apoyo social y búsqueda de soluciones) y cinco, referidas al modo centrado en la emoción (autocontrol, distanciamiento, reevaluación positiva, autoinculpación y escape/evitación). (Oblitas, L. et al., 2010).

Estrategias de afrontamiento según Folkman y Lazarus (1985; 1988)
Estrategias centradas en el problema
·      Confrontación: acciones directas para alterar la situación. Ejemplo: “me mantuve firme y luché por lo que quería”.
·      Búsqueda de apoyo social: acciones para buscar consejo, información o simpatía o comprensión. Ejemplo: “acudí a personas amigas que pudieran darme una mano”.
·      Búsqueda de soluciones: acciones orientadas a buscar las posibles alternativas de solución. Ejemplo: “analicé detenidamente la situación y me tracé un plan de acción paso a paso”.
Estrategias centradas en la emoción
·      Autocontrol: esfuerzos para regular los sentimientos y acciones. Ejemplo: “intenté controlar mis sentimientos y que no me dominara el problema”.
·      Distanciamiento: esfuerzos para separarse de la situación. Ejemplo: “procuré distraerme y no pensar demasiado en el problema.
·      Reevaluación positiva: esfuerzos para crear un significado positivo centrándose. Ejemplo: “pasar por esta experiencia enriqueció mi vida”.
·      Autoinculpación: verse como responsable de los problemas por medio de autorreproches o autocastigos. Ejemplo: “asumí que yo me había buscado el problema”.
·      Escape/Evitación: evitación de la situación de estrés. Ejemplo: “fantaseé y soñé con tiempos mejores”.

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lunes, 24 de noviembre de 2014

Programas de control del estrés en los trabajadores

            Los programas de atención individual en los sitios de trabajo, por ejemplo, contemplan la difusión de información sobre el estrés, sus causas y la forma de controlarlo a través de la educación para la salud de los trabajadores. Estos programas tienen como finalidad ayudarlos a desarrollar habilidades personales que les permitan reducir el desgaste. La idea principal consiste en tratar de identificar los agentes causales del estrés y lograr hacerlos conscientes, mostrar las posibilidades de solución o el manejo inteligente del estrés para poder actuar en consecuencia y contrarrestarlo.

            Es importante mejorar los hábitos del trabajador por medio de una alimentación adecuada, la realización de ejercicio físico moderado, gradual y progresivo (muchas empresas tiene gimnasios, promueven los deportes y organizan competencias), los ritmos de sueño adecuados, propiciar las actividades recreativas, disminuir las adicciones y evitar la vida sedentaria. Además, son de gran utilidad las denominadas técnicas de atención que consisten en métodos para ayudar a los trabajadores a resolver sus reacciones fisiológicas y psicológicas, con estrategias para reducir el estrés. Éstas se basan en ejercicios de relajación, auto entrenamiento, bio-retro-estimulación, ejercicios respiratorios, autoestima, meditación e incluso, yoga.

            En forma complementaria, se enseña el uso de estrategias para administrar el tiempo, métodos para saber priorizar los problemas, desarrollo de la capacidad de planeación, técnicas de negociación así como ejercitar habilidades para la toma de decisiones, solución de conflictos, conducta asertiva y mejorar las relaciones humanas.

            En el manejo colectivo de los factores causales del estrés, el criterio predominante consiste, desde luego, en reducir al máximo las situaciones generadoras de situaciones tensionales dentro de la empresa. Las acciones específicas se dirigen hacia las características estructurales de la organización, estilos de comunicación, procesos de formulación de decisiones, cultura corporativa, funciones de trabajo, ambiente físico y métodos de selección y capacitación del personal.

            Por su parte, el manejo del estrés a nivel de la organización persigue una reestructuración de los procesos y tareas que permita desarrollar las capacidades del trabajador, mejorar su responsabilidad y formas de comunicación por medio de programas de asistencia, círculos de calidad, grupos de asesoría, soporte, participación activa, trabajo de equipo, solidaridad laboral, desarrollo profesional, promoción de su creatividad y procesos de mejora continua.

            El cambio debe propiciar una incorporación gradual de los trabajadores a la organización a través de diferentes estrategias como desarrollo organizacional, adecuación de los estilos de liderazgo, redistribución del poder y la autoridad, participación responsable y activa en los procesos de toma de decisiones de las áreas mediante el estímulo a la comunicación interna formal e informal, mejora del ambiente de trabajo, creación de un clima laboral favorable a la empresa y propicio para el desarrollo sustentable, sano e integral de la vida productiva de los trabajadores. (Oblitas, L. et al., 2010).


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jueves, 20 de noviembre de 2014

¿Qué es lo que incluyen casi todos los programas diseñados para luchar contra el estrés?

            Casi todos incluyen:

ü  Acciones psicoterapéuticas para fortalecer el yo, y favorecer el enfrentamiento del hombre con las situaciones estresantes.
ü  Gimnasia, deportes, caminatas, jogging. Está demostrado que 30 minutos diarios de ejercicios ayudan a reducir los efectos negativos del estrés, además de que aumentan el consumo de oxígeno; disminuyen la frecuencia cardiaca y la presión cardiaca; queman grasas y reducen el peso corporal; disminuyen el apetito y previenen la obesidad; mejoran el colesterol bueno (HDL); permiten controlar el nivel de azúcar en sangre; aumentan la masa y la fuerza muscular; estimulan la producción de endorfinas; disminuyen la ansiedad, la irritabilidad y la tensión muscular; elevan el estado de ánimo; mejoran la cantidad y la calidad del sueño; aumentan la autoestima; facilitan la distracción y desconexión del estrés diario.
ü  Evitar el consumo de sustancias psicoactivas o estimulantes, como el alcohol, tabaco, cafeína o bebidas cafeinadas tipo (“cola), mateína, la automediación de psicofármacos y de pastillas para adelgazar u otras por el estilo.
ü  Régimen alimenticio adecuado para evitar el exceso de grasa, glúcidos y sal. Buscar incrementar reservas de vitaminas C y complejo B, la ingesta de fibras (por ejemplo, salvado), frutas y vegetales y beber agua suficiente (ocho vasos por día entre comidas).
ü  Horarios de sueño y descanso adecuados que permiten al organismo recuperarse de las fatigas diarias.
ü  Ejercicios de relajación, fundamentalmente dirigidos por el terapeuta para un mejor aprovechamiento.

            Lo esencial para un afrontamiento exitoso del estrés es el papel activo del sujeto, por lo cual él debe tornarse consciente del problema. Esto comprende el reconocimiento del problema que produce estrés y darse cuenta de que es resultado de una situación que impide el alcance de los objetivos. (Oblitas, L. et al., 2010).



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lunes, 17 de noviembre de 2014

El ajuste al estrés y los recursos externos

            Junto con los factores y recursos personales que modulan el ajuste al estrés, existen otros elementos externos al individuo que también pueden condicionar el modo en que éste perciba la situación y la forma de reaccionar ante la misma. Por supuesto, estas condiciones, en última instancia, dependen de cómo son categorizadas y valoradas por el sujeto. Sin embargo, aquí procuramos poner el acento en la dimensión objetiva del ajuste. Por ejemplo, para muchos, las condiciones de hacinamiento, las presiones económicas, la sobrecarga de trabajo o el ambiente competitivo son circunstancias que se perciben consciente o inconscientemente como amenazas que promueven diferentes tipos de ajustes, algunos de los cuales pueden ser funcionales, en tanto que otros pueden resultar disfuncionales.

            ¿Cuáles son los recursos externos que pueden neutralizar los efectos perturbadores del estrés o facilitar un ajuste adecuado? Lazarus y Folkman (1986) han señalado algunos de los más importantes, a saber: a) salud y energía, b) apoyo social, c) recursos materiales y d) condiciones ambientales.

            Es incuestionable que una persona débil, frágil, enfermiza o cansada está en peores condiciones, a la hora del ajuste, que otra saludable y fuerte. El bienestar físico juega un rol importante en las funciones de adaptación. Es reconocido que personas que han soportado por algún tiempo un proceso de desgaste por la acción crónica del estrés (por ejemplo, cuidar a un enfermo terminal de parentesco cercano, como una madre, padre o hijo), suelen tener un umbral descendido en la recepción de los estímulos, especialmente aquellos amenazantes o lesivos, lo cual promueve una respuesta inadecuada, que en otras circunstancias, con una mejor capacidad psicofísica, hubieran superado con relativa facilidad. De todos modos, varias investigaciones han puesto de manifiesto que personas enfermas o debilitadas, cuando tienen que afrontar una situación sobradamente importante para ellos, pueden movilizar energías inesperadas para salir airosos.

            Con respecto a los recursos materiales, el dinero, los bienes y los servicios disponibles son un factor valioso. Por lo general, las personas adineradas viven mejor que las de escasos recursos y tienen otras opciones de afrontamiento. También aquellas con buen nivel económico tienen acceso más fácil a la asistencia médica, legal, financiera y hasta a nivel humano y social. “Simplemente el hecho de tener dinero, incluso aunque no se use, puede reducir la vulnerabilidad del individuo a la amenaza y de esta forma facilitar el afrontamiento eficaz” (Lazarus y Folkman, 1986).

            A veces las condiciones ambientales son propicias y en otras adversas. Lazarus relata el caso de una madre que uso sin éxito toda su imaginación y esfuerzos en lograr incluir a un hijo disléxico en un programa terapéutico. El entorno puede diferir en la naturaleza y la frecuencia de las amenazas, así como el tipo de opciones que presenta. Existen factores ambientales que pueden inhibir las estrategias de afrontamiento del sujeto, mientras que otros pueden actuar como facilitadores. Un ejemplo expresivo de estos recursos externos es la conducta de grupo puesta de manifiesto en un accidente de una mina donde seis hombres quedaron atrapados. Había una alto riesgo de muerte si no llegaba el rescate a tiempo. En este caso, los factores sociales ayudaron a mantener la esperanza y realizar un ajuste adecuado. Los gritos, llantos y expresiones de desesperación fueron contenidos por uno de los miembros del grupo, al decir: “no llores, necesitamos todas nuestras fuerzas. Creo que resistiré aún un par de días, e incluso más”. Sus compañeros respondieron: “de acuerdo, dejaré de llorar” y estuvieron charlando tranquilos hasta que llegó el recate.

            También se han clasificados los recursos externos, como instrumentales (por ejemplo, apoyos materiales para hacer frente al problema, información sobre posibles soluciones) y emocionales (especialmente las expresiones de reconocimiento y afecto). Cuando se comparan ambos recursos, afirma Bermúdez (1996), “la disponibilidad de recursos de carácter emocional parece jugar un papel más importante que disponer de los puramente materiales. La existencia de una buena red de apoyo social va a permitir, de esta manera, al individuo percibir menor grado de amenaza en la situación y disponer, al tiempo, de mayores recursos para hacerle frente de manera más adaptativa”. (Oblitas, L. et al., 2010).


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