
La vivencia de
coherencia es una orientación global que expresa en qué medida alguien posee
una sensación de confianza generalizada, duradera y dinámica, 1) de que los
acontecimientos del propio mundo interior y del entorno son estructurados,
predecibles y explicables, 2) de que hay recursos disponibles para enfrentar
las exigencias derivadas de dichos sucesos y 3) que estas exigencias
representan desafíos por los cuales vale la pena comprometerse (Antonovsky,
1988).
Los tres
componentes básicos de la vivencia de coherencia fueron denominados: 1)
sentimiento de comprensibilidad: es la idea que espera estímulos previsibles, o
por lo menos, si son sorpresivos, estructurables y explicables, 2) sentimiento
de factibilidad: se refiere a la percepción de disponer recursos para afrontar
las exigencias. A diferencia de la teoría atribucional, no se trata únicamente
de recursos que uno puede controlar, sino todo tipo de recursos, propios y de
otros (familiares, amigos, compañeros, profesionales) e incluso de Dios, 3)
sentimiento de sentido: es la creencia que la vida tiene un sentido o existe
alguna explicación aun para cosas desgraciadas o absurdas. Este enfoque tiene
mucha similitud con el concepto de “voluntad de sentido” de Frankl (1982,
1991).
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