miércoles, 6 de noviembre de 2013

8 pasos para la resolución de un conflicto en niños y jóvenes

1.     Tranquilízate. No trates de solucionar un conflicto cuando tú o la otra persona están enojados. Tomate un tiempo fuera o ponte de acuerdo para reunirte de nuevo dentro de 24 horas.
2.   Describe el conflicto. Cada persona debería explicarlo con sus propias palabras. ¡Las expresiones insultantes o de desprecio no están permitidas! Importante: Aunque cada persona puede tener una forma de ver las cosas distinta del conflicto y, posiblemente, utilice palabras diferentes para describirlo, ninguna de las versiones es “verdad” ni “mentira”.
3.     Describe qué provocó el conflicto. ¿Qué hechos concretos desencadenaron el conflicto? ¿Qué pasó primero? ¿Y a continuación? ¿Surgió el conflicto de un pequeño desacuerdo o diferencia de opinión? ¿Qué hizo que se transformara en un conflicto? Importante: No digas que el conflicto es “culpa” de ninguna de las personas afectadas.
4.     Describe los sentimientos provocados por el conflicto. También aquí cada persona debería emplear sus propias palabras. La sinceridad es importante. ¡Prohibido culpar a nadie!
5.     Escucha atento y respetuosamente a la otra persona cuando hable. Trata de entender su punto de vista. No lo interrumpas. Puede que repitiendo para tus adentros las impresiones y los sentimientos de la otra persona te resulte más fácil “reflejarlos”. Ejemplos: “No te gustó que yo te insultara”. “He herido tus sentimientos”. “Tú creías que te tocaba elegir a qué jugábamos durante el recreo”. “Estás triste porque te sentiste alejada”.
6.     Lleva a cabo una lluvia de ideas sobre soluciones para el conflicto. Sigue las 3 reglas básicas de la lluvia de ideas:
                                          i.         Todo el mundo tiene que intentar pensar en tantas ideas como pueda.
                                        ii.         Todas las ideas valen.
                                       iii.         Nadie tiene que burlarse de las ideas de otro u otra.
         Sean creativos. Reafírmense mutuamente. Estén abiertos a ideas nuevas. Cada uno de ustedes haga una lista de las ideas propuestas para asegurarse de            recordarlas todas. Luego elijan una solución y pruébenla. Estén         dispuestos a negociar y a alcanzar compromisos.
7.     Prueba la solución que diste. Comprueba qué tal funciona. Esfuérzate al máximo. Ten paciencia.
8.     Si una solución no da resultado, prueben otra. Continúen intentándolo. Prueben nuevas ideas si hace falta.

                  Si no pueden resolver el conflicto aún intentándolo muchas veces, pónganse de acuerdo o en desacuerdo. A veces, es todo lo que pueden conseguir. Al mismo tiempo, dense cuenta de que el conflicto no tiene por qué poner fin a su relación. Las personas pueden llevarse bien incluso cuando no están de acuerdo las unas con las otras.



José María Rico 121-501. 5to. Piso Col. Del. Valle. C.P. 03100. México, D.F.
Tel. 55-24-30-51. juancarlosvallen@hotmail.com  www.terapiainfantilyjuvenil.mx

martes, 5 de noviembre de 2013

Habilidades para la resolución de conflictos en niños y jóvenes


            El conflicto entre personas es algo normal e inevitable, y no todo conflicto es perjudicial o malo por sí. El conflicto destructivo daña relaciones, crea malos sentimientos y desemboca en problemas futuros. Pero el conflicto constructivo nos ayuda a aprender, a crecer y a cambiar a ser mejores: vemos las cosas desde otras perspectivas; nos volvemos más abiertos, más tolerantes y más dispuestos a aceptar, construimos relaciones más sólidas con las personas que comparten nuestra vida.

            ¿En qué consiste la diferencia entre uno y otro? En el modo en que decidimos negociar los conflictos que experimentamos. Se necesitan (al menos) dos personas para iniciar y mantener un conflicto. Si ambas acuerdan buscar una solución positiva al mismo, ya tendrán media batalla ganada.

            Todo el mundo se beneficia del aprendizaje de habilidades para la resolución de conflictos y de la práctica de las mismas. Los acosadores y las acosadoras, porque descubren el verdadero poder que se supone solucionar problemas sin emplear la fuerza ni la intimidación. Las víctimas, porque están mejor capacitadas (“facultadas”) para buscar soluciones en lugar de ceder y renunciar. Su clase, porque se convierte en un lugar lleno de gente dispuesta a trabajar en colaboración.

            La resolución de conflictos no se aprende (ni se enseña) en un día. Si desea obtener los mejores resultados, probablemente querrá utilizar un programa de resolución de conflictos. Hay muchos disponibles; hable con el director o la directora de su centro y averigüe si su escuela tiene preferencia por alguno o ya ha seleccionado uno en particular.

            Nota: Las investigaciones realizadas muestran que los programas de resolución de conflictos funcionan. Los alumnos y las alumnas que no reciben formación de esa clase tienen mayores probabilidades de retraerse o de recurrir a la fuerza en las situaciones conflictivas. Los que sí aprenden a solucionar conflictos muestran una mayor inclinación a hacerles frente, a emplear la resolución de problemas para negociar soluciones… y a tener una actitud más positiva ante la escuela en general (Johnson y Johnson, 1996).

José María Rico 121-501. 5to. Piso Col. Del. Valle. C.P. 03100. México, D.F.

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lunes, 4 de noviembre de 2013

Algunos niños son víctimas de acoso o "bullying" porque...

·      Porque son “diferentes” en algún sentido. Puede que sean más altos o más bajos, más robustos o más delgados; puede que lleven aparatos dentales o lentes; que padezcan alguna discapacidad física o tengan alguna diferencia de aprendizaje, o “hablen raro”, o tengan una “pinta extraña”, etc. Todas las personas son únicas, así que existen innumerables “diferencias” que los acosadores pueden detectar y que les puedan servir de pretexto.
·      Porque parecen vulnerables (algo así como “blancos fáciles”). Quizás sean pasivos, sensibles, callados, tímidos, o puede que destaquen de algún otro modo. Sea por el motivo que sea, son chicos o chicas que dan la impresión de que no pueden o no piensan hacerse valer por sí mismos.
·      Porque no saben hacer amigos ni llevarse bien con otras personas. Están aislados y solos; son chicos solitarios. No tienen a nadie a quien recurrir para que acuda a su defensa.
·      Porque a la hora de relacionarse socialmente se desenvuelven con torpeza. Quizás no sepan decir u hacer “lo que conviene”. Quizás vistan ropa “inadecuada”. Sea por lo que sea, no encajan.
·      Como un modo de obtener atención. No saben conseguir atención positiva, así que buscan la negativa. Puede que se comporten de forma “extraña” o pesada.
Porque son acosadores. ¿Cómo puede ser eso? Imagínense que un chico (o una chica) de diez años acosa a otros chicos y/o chicas de su edad o más jóvenes. Hablamos de alguien que no sabe hacer amigos. Puede que sea mandón (o mandona), agresivo y grosero. Pues, bien, imagínense ahora que colocamos a ese mismo chico en un grupo de compañeros y compañeras mayores. De pronto, ya no es tan grande ni tan fuerte, y tampoco da tanto miedo. Ese chico (o chica), que no sabe hacer amigos, hacer amigos, que no sabe cómo actuar, de la noche a la mañana se ha convertido en alguien muy vulnerable.




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viernes, 1 de noviembre de 2013

Algunos niños acosan o "bulean" porque...

·      Porque les encanta tener poder. La mayor parte del acoso escolar tiene que ver con el hecho de sentir poder sobre otras personas.
·      Porque son acosados por sus padres o por otras personas. Han aprendido con el ejemplo que el acoso es la forma que las personas más grandes y más fuertes tienen de relacionarse con otras y de conseguir lo que quieren.
·      Para conseguir atención.
·      Para parecer más grandes o más duros de lo que realmente son (o de lo que se sienten por dentro).
·      Porque sienten celos de otras personas. No soportan que otros u otras sean más inteligentes, más populares o tengan más éxito que ellos o ellas.
·      Para protegerse del acoso o las críticas de otras personas. Tienen miedo de que les hagan daño y se resarcen (remedian, compensan) de ello con otros compañeros o compañeras.
·      Porque disfrutan haciendo daño a otras personas e inspirándoles miedo.
·      Porque no saben hacer otra cosa. No han aprendido a hacer amigos ni llevarse bien con otras personas.
·      Porque les gusta vencer a toda costa. No soportan perder en nada.
·      Porque tienen sus propios problemas y no saben cómo afrontarlos. Quizás lo pasan muy mal en casa. Quizás saben que no encajan y que no caen bien a los demás. Exteriorizan sus sentimientos contra personas más débiles que ellos e incapaces de defenderse.


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