miércoles, 22 de julio de 2015

Determinantes demográficos y sociales, situacionales y percepción del síntoma en las conductas de la salud

            La mayoría de los expertos están de acuerdo en que la implicación con la salud (p. ej., Kirscht, 1983) es propiciada en gran parte por los factores sociales y demográficos como la edad, nivel educacional, clase social, género, etc.

            Las situaciones sociales, también conocidas como determinantes situacionales, influyen, de modo directo o indirecto, para que u individuo adopte una conducta saludable. No cabe duda de que la familia y el grupo de los iguales pueden jugar un papel relevante en los hábitos saludables que pueda adoptar una persona. Por ejemplo, el hecho de que fume uno de los padres ha sido señalado en numerosos estudios como factor de riesgo para que el adolescente se inicie en dicha conducta. Asimismo, la mayoría de los estudios ha demostrado una clara relación entre el inicio del consumo y relacionarse con compañeros fumadores (USDHHS, 1994).

            Las conductas de salud que realiza una persona también pueden obedecer a la percepción subjetiva de determinados síntomas, esto es, la susceptibilidad percibida. Entendemos por ello las percepciones individuales de la vulnerabilidad personal a enfermedades o accidentes específicos. La naturaleza (percepción de susceptibilidad) y la intensidad (severidad percibida) de estas percepciones puede influir de manera importante a la hora de adoptar o no una conducta concreta. No obstante, cuando un individuo piense en la posibilidad de un cambio, no valorará sólo la susceptibilidad y la severidad, sino también los beneficios y los costes de realizar una conducta de salud concreta (Becker y Maiman, 1975). Por ejemplo, una persona puede sentirse vulnerable cuando experimenta tos matutina, fatiga al subir unas escaleras, etc. Supongamos que quien los padece atribuye estos síntomas a su conducta de fumar. A partir de ello se puede pensar que dicha conducta está comprometiendo su salud y, además, que le acarreará consecuencias negativas, es decir, la percibe como un riesgo potencial serio (como un indicador) de sus problemas físicos. A la inversa, es poco probable que el sujeto adopte alguna medida cuando sopese que la probabilidad de dañar sus salud (por ejemplo, engordar) demasiado grande por dejarlo. Esta atribución puede ser útil para que la persona intente dejar de fumar. Ahora bien, aunque tales síntomas pueden ser muy útiles a la hora de motivar al sujeto para que adopte hábitos positivos de salud, su influencia sólo reviste carácter transitorio (Levanthal, Prochaska y Hirschman, 1985). (Oblitas, 2010).


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