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viernes, 5 de julio de 2013

5 aspectos a evaluar en el peritaje de los trastornos de estrés postraumático (PTSD)


En el trastorno de estrés postraumático hay cinco cuestiones esenciales que el perito debe evaluar:

a)    ¿Tiene el factor traumático suficiente gravedad como para haber causado un trastorno de estrés postraumático?
b)   ¿Cumple criterios clínicos específicos de este trastorno la reclamación interpuesta?
c)    ¿Cuál es la historia psiquiátrica y de victimización anterior del sujeto?
d)   ¿Está basado el diagnóstico del trastorno de estrés postraumático exclusivamente en los informes subjetivos de la víctima?
e)    ¿Cuál es el nivel actual de deterioro psiquiátrico funcional de la víctima?


            Las falsas denuncias son poco frecuentes en el ámbito de las agresiones sexuales. No obstante, pueden darse cuando responden a diversas motivaciones espurias: venganza por sentimientos de despecho; relaciones consentidas bajo los efectos del alcohol de las que luego la víctima se arrepiente; embarazos no deseados; obtención de una indemnización, etc. (Echeburúa et. al. 2002).

jueves, 4 de julio de 2013

Dictámenes periciales en las víctimas de delitos violentos


            El objetivo de los dictámenes periciales en las víctimas de los delitos violentos es valorar el daño psicológico existente, así como determinar la validez del testimonio (especialmente en los casos de agresiones sexuales).

            Respecto al daño psicológico, en los informes forenses el enfoque general de la exploración psicológica debe centrarse en los siguientes puntos:

a)    Línea de adaptación anterior al delito violento, tanto a nivel social y laboral como familiar y emocional.
b)   Línea actual de adaptación.
c)    Reacción re adaptativa tras el suceso: afrontamiento del suceso; resultados del afrontamiento.
d)   Nexo de causalidad entre la inadaptación actual y el delito sufrido.
e)    Pronóstico en relación con el futuro, que puede depender del tiempo transcurrido desde la agresión, del funcionamiento actual respecto a la línea de base anterior y del tipo y cantidad de recursos sociales y personales con que cuenta la víctima.

            En el caso de un mal funcionamiento psicológico previo hay que tener dos puntos: a) qué aspectos del problema actual son atribuibles a la situación previa a la victimización; y b) qué perfiles de la victimización han sido potenciados por la situación pre victimización o de personalidad.

            La utilización de fuentes de información distintas de la víctima (testigos, compañeros, familiares, etc.) permite al evaluador enriquecer su perspectiva y evitar ser cuestionado por basarse sólo en lo que el sujeto dice.


            Por lo que se refiere a la validez del testimonio, en la práctica forense se suele solicitar cuando la víctima ha sufrido una agresión sexual. Lo que interesa del testimonio es que sea creíble (cuando los afectos, cogniciones y conductas del sujeto son comprensibles y derivables de la narración de la víctima), y válido (cuando el recuerdo es una representación adecuada y la identificación es correcta) (Echeburúa et. al. 1998).

            Lo que confiere validez a un testimonio es la reiteración en el discurso, la congruencia entre el lenguaje verbal y las emociones expresadas, la ausencia de variación en la descripción de los hechos, el bloqueo característico de la memoria, etc.

            En ningún caso la credibilidad del testimonio debe quedar empañada, ni resultar sesgada la atribución de responsabilidad en los delitos, por la crítica moral –directa o encubierta- al estilo de vida de la víctima.

            Recientemente se ha utilizado el peritaje del daño psicológico en la víctima como prueba de la existencia de una relación sexual no consentida. Esto tiene interés en aquellos casos en que el agresor reconoce la existencia de una relación sexual, pero niega la falta de consentimiento por parte de la víctima. El interés del dictamen pericial deriva de que, al haber tenido lugar la relación a solas, no hay testigos de la misma y de que lo que está en juego es la palabra del agresor en contra de la palabra de la víctima. La existencia del daño psicológico –y, en concreto, del trastorno de estrés postraumático- en la víctima puede constituir una prueba de una relación sexual no consentida.

martes, 2 de julio de 2013

Estrategias de afrontamiento negativas en víctimas de delitos violentos

1.     Anclaje en los recuerdos y planteamiento de preguntas sin respuesta.
2.     Sentimientos de culpa.
3.     Emociones negativas de odio o de venganza.
4.     Aislamiento social.
5.     Implicación en procesos judiciales, sobre todo cuando el sujeto se implica voluntariamente a ellos.
6.     Consumo excesivo de alcohol o drogas.
7.     Abuso de medicinas.

lunes, 1 de julio de 2013

¿Qué son las secuelas emocionales en los delitos violentos?

            Las secuelas emocionales se refieren a la estabilización del daño psíquico, es decir, a una discapacidad permanente que no remite con el paso del tiempo ni con un tratamiento adecuado. Se trata, por tanto, de una alteración irreversible en el funcionamiento psicológico habitual, o dicho en términos legales más imprecisos conceptualmente, de un menoscabo de la salud mental. (Echeburúa et. al. 2000).
            Las secuelas psíquicas más frecuentes en las víctimas de delitos violentos se refieren a la modificación permanente de la personalidad, es decir, a la aparición de rasgos de personalidad nuevos, estables e inadaptativos (por ejemplo, dependencia emocional, suspicacia, hostilidad, etc.) que se mantienen durante, al menos, 2 años y que llevan a un deterioro de las relaciones interpersonales y a una falta de rendimiento en la actividad laboral (Esbec, 2000).


            Esta transformación de la personalidad puede ser un estado crónico o una secuela irreversible de un trastorno de estrés postraumático que puede surgir como consecuencia de haber sufrido un delito violento. La dificultad de valoración de las secuelas emocionales estriba en la evaluación post hoc, en donde no siempre es fácil delimitar el daño psicológico de la estabilidad emocional previa de la víctima, así como la necesidad de establecer un pronóstico diferido (curabilidad/incurabilidad) (Echeburúa et. al. 2000).

viernes, 21 de junio de 2013

¿Qué son los delitos violentos?


            Los delitos violentos son sucesos negativos, vividos de una forma brusca, que generan terror e indefensión, ponen en peligro la integridad física o psicológica de una persona y dejan a la víctima en tal situación emocional que es incapaz de afrontarla con sus recursos psicológicos habituales (Kilpatrick, Saunders, Amick-Mc-Mullan, Best, Veronen y Jensick, 1989).

            Cualquier trauma –y un delito violento lo es- supone una quiebra en el sentimiento de seguridad de una persona y, de rebote, en el entorno familiar cercano. Más allá del sufrimiento de la víctima directa, queda alterada toda la estructura familiar. De ahí que sea de interés el conocimiento de las reacciones y secuelas emocionales que arrastran muchas personas –en su mayoría mujeres y niños- durante períodos prolongados, incluso a lo largo de toda su vida (Hanson, Kilpatrick, Falsetti y Resnick, 1995).

            Actualmente ya tipifica el Derecho Penal la violencia psíquica habitual como delito (y no como una mera falta). La evaluación del daño psíquico (el “quantum doloris”) sufrido en las víctimas es importante para planificar el tratamiento, así como para tipificar los daños criminalmente, establecer una compensación adecuada o determinar la incapacidad laboral (Echeburúa, De Corral, Amor, 2001). 


            El daño psicológico requiere también ser evaluado en las víctimas indirectas de los sucesos violentos, que son las personas que, sin ser directamente concernidas por el hecho delictivo, sufren por las consecuencias del mismo. Es el caso, por ejemplo, de las madres que han sufrido el impacto brutal de la agresión sexual y asesinato de una hija o el de los hijos que se ven obligados bruscamente a readaptarse a una nueva vida tras el asesinato de su padre en un atentado terrorista. En la muerte violenta de un ser querido existen, en un primer momento, sentimientos de dolor, tristeza, impotencia o rabia; en un segundo momento, de dolor e impotencia, finalmente, de dolor y soledad (que no necesariamente mejoran con el transcurso del tiempo) (Finkelhor y Kendall.Tackett, 1997).