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jueves, 4 de julio de 2013

Evaluación psicológica en víctimas de delitos violentos


            El objetivo de la evaluación psicológica en la víctima de un delito violento es valorar el tipo de daño psicológico existente para orientar el tratamiento adecuado, así como determinar las secuelas presentes a efectos de la reparación del daño causado.

            Los delitos violentos (agresiones sexuales, terrorismo, violencia familiar, etc.) suelen generar con mucha frecuencia un trastorno de estrés postraumático, así como cuadros clínicos asociados (depresión, problemas psicosomáticos, abuso de alcohol, etc.) y una inadaptación a la vida cotidiana.


            En el trastorno de estrés postraumático hay tres factores implicados: a) la re experimentación de la agresión sufrida, en forma de pesadillas y de imágenes y de recuerdos constantes e involuntarios; b) la evitación conductual y cognitiva de los lugares o situaciones asociados al hecho traumático; y c) las respuestas de hiperactivación, en forma de dificultades en la concentración, de irritabilidad y de problemas para conciliar el sueño (Echeburúa et. al. 2002).

miércoles, 3 de julio de 2013

¿Qué es la victimización secundaria en los delitos violentos?

            La victimización primaria deriva directamente del hecho delictivo; la secundaria, de la relación posterior establecida entre la víctima y el sistema jurídico-penal (policía, sistema judicial, etc.) o unos servicios sociales defectuosos. El maltrato institucional contribuye a agravar el daño psicológico de la víctima y funciona, según la terminología expuesta anteriormente, como una concausa posterior.

            Lo que puede generar victimización secundaria en la víctima, sobre todo en las agresiones sexuales, es la actuación de la policía o del sistema judicial (jueces, médicos, forenses, fiscales y abogados) (Esbec, 1944ª). En estos casos las víctimas, que son habitualmente mujeres, se encuentran en un entorno constituido mayoritariamente por hombres. Por lo que se refiere a la policía, los agentes suelen estar interesados por los trámites burocráticos (toma de declaración inmediata, cotejo de fotografías, etc.) y por el esclarecimiento de los hechos, sin atender al drama que vive la víctima y sin informarla adecuadamente, al menos en muchos casos, del estado de las investigaciones.

            A su vez. Los médicos forenses, preocupados por la búsqueda de pruebas no siempre han tenido la sensibilidad adecuada ante el estado psicológico de la víctima, En otras ocasiones la propia prueba pericial, en donde se pone a prueba su salud mental o se cuestiona la credibilidad de su testimonio, puede ser una fuente de victimización secundaria,

            En cuanto a los jueces, éstos se limitan a aplicar el ordenamiento jurídico, que no está pensado para proteger a las víctimas sino para perseguir a los culpables, Cuando los jueces aplican el Código Penal, se mueven en el principio constitucional de la presunción de la inocencia, Por ello, hay que poner en duda la declaración de la víctima. Eso y la aplicación del principio “in dubio pro reo”, al margen de que constituyen un reflejo del sistema de garantías procesales, resultan lesivos para la víctima.

            Un aspecto fundamental de la victimización secundaria es la dilación existente en el sistema de justicia actual, así como la falta de información concreta sobre la situación procesal, que no tiene porqué resultar incompatible con el secreto sumario, La incertidumbre de un proceso penal que nunca parece concluir, así como la reacción de la parte denunciada, que puede tildar de mentirosa a la víctima, injuriarla o incluso amenazarla, contribuyen a agravar la situación emocional de la víctima. Por último, en el juicio oral, celebrado mucho tiempo después del delito, la víctima se ve obligada a revivir el hecho en público, en donde se enfrenta a preguntas no siempre formuladas con delicadeza y donde se puede poner en duda el relato de los hechos.


                        Otras fuentes de victimización secundaria son los medios de comunicación, que filtran la intimidad de la víctima al gran público y que en ocasiones, buscan una justificación al delito (en el caso de las víctimas de terrorismo, ser un delator o colaborador de la policía; en el caso de las víctimas de delitos violentos, ser un drogadicto, una prostituta, un narcotraficante, una persona de vida licenciosa o limitar el problema a una reyerta o a un ajuste de cuentas). En el caso concreto del terrorismo, las noticias de nuevos atentados o el apoyo social a los terroristas (en forma de homenajes, por ejemplo) constituyen una fuente adicional de victimización (Echeburúa et. al. 2002).

Características de las personalidades resistentes al estrés

1.     Control de las emociones y valoración positiva de uno mismo.
2.     Estilo de vida equilibrado.
3.     Apoyo social y participación en actividades sociales.
4.     Implicación activa en el proyecto de vida 
(profesión, familia, actividades de voluntariado, etc.).
5.     Afrontamiento de las dificultades cotidianas.
6.     Sentido del humor.
7.     Actitud positiva ante la vida.

8.     Aceptación de las limitaciones personales.

9.     Vida espiritual.

martes, 2 de julio de 2013

Estrategias de afrontamiento negativas en víctimas de delitos violentos

1.     Anclaje en los recuerdos y planteamiento de preguntas sin respuesta.
2.     Sentimientos de culpa.
3.     Emociones negativas de odio o de venganza.
4.     Aislamiento social.
5.     Implicación en procesos judiciales, sobre todo cuando el sujeto se implica voluntariamente a ellos.
6.     Consumo excesivo de alcohol o drogas.
7.     Abuso de medicinas.

Estrategias de afrontamiento positivas en las víctimas de delitos violentos

1.     Aceptación del hecho y resignación.
2.     Experiencia compartida del dolor y la pena.
3.     Reorganización del sistema familiar y de la vida cotidiana.
4.     Reinterpretación positiva del suceso
(hasta donde ello sea posible).
5.     Establecimiento de nuevas metas y relaciones.
6.     Búsqueda de apoyo social.
7.     Implicación en grupos de autoayuda o en ONG

lunes, 1 de julio de 2013

Diferencias entre vulnerabilidad psicológica y factores de riesgo en los delitos violentos

            No hay que confundir los factores de riesgo, que aluden a una mayor atracción del agresor para elegir una víctima (pertenecer al sexo femenino, ser joven, vivir sola, haber consumido alcohol o drogas en exceso, padecer una deficiencia mental, etc.) con la vulnerabilidad psicológica, que se refiere a la precariedad del equilibrio emocional, ni con la vulnerabilidad biológica, que se refiere a un menor umbral de activación psicofisiológica. Ambos tipos de vulnerabilidades pueden amplificar el daño psicológico del delito en la víctima. En suma, las víctimas de riesgo tienen una cierta predisposición a convertirse en víctimas de un delito porque constituyen una presa fácil para el agresor; las víctimas vulnerables, a su vez, tienen una mayor probabilidad de sufrir un intenso impacto emocional tras haber sufrido un delito violento (sean o no víctimas de riesgo). 


            En algunas víctimas el desequilibrio emocional preexistente agrava el impacto psicológico del delito y actúa como modulador entre el hecho criminal y el daño psíquico (Avia y Vázquez, 1988). De hecho, ante acontecimientos traumáticos similares unas personas presentan un afrontamiento adaptativo y otras quedan profundamente traumatizadas.


            El grado de daño psicológico (lesiones y secuelas) está mediado por la intensidad y la percepción del suceso sufrido (significación del hecho y atribución de intencionalidad), el carácter inesperado del acontecimiento y el grado real de riesgo sufrido, la mayor o menor vulnerabilidad de la víctima, la posible concurrencia de otros problemas actuales (a nivel familiar y laboral, por ejemplo) y pasados (historia de victimización), el apoyo social existente y los recursos psicológicos de afrontamiento disponibles. Todo ello configura la mayor o menor resistencia al estrés de la víctima (Echeburúa et. al. 2000).