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miércoles, 14 de agosto de 2013

¿Qué necesita el adolescente para resolver sus problemas de sus tareas vitales?

            Para que el adolescente resuelva sus problemas, le son necesarios continuos aprendizajes que le permitan entender de manera cada vez más amplia y fina, los numerosos y complicados ángulos de la convivencia familiar, escolar y social. En los procesos biológicos es la programación genética el factor predominante, pero en lo que respecta a las emociones y las intelecciones, son los esfuerzos educativos los que adquieren primera importancia.



            Los procesos de cambio tienen siempre bellísimas posibilidades y están también sometidos a importantes riesgos; el adolescente puede culminar en un ser adulto, congruente, gozoso y responsable; pero puede también atascar su desarrollo y convertirse en un ser frustrado, dolorido; en los peores casos el resultado puede ser un alcohólico, un delincuente, etc. Es decir, se tratará de sujetos atrapados en patologías. (Robles 2011).

viernes, 9 de agosto de 2013

¿Los adolescentes son violentos?

            Los adolescentes tienen mala fama, especialmente los de los sectores pobres y los presentan como delincuentes, vándalos, ladrones o incluso violadores. La realidad es que hoy en día a muchos adolescentes les cuesta trabajo distinguir entre los permitido y lo prohibido; ya no tienen una justa apreciación de la gravedad de algunos de sus comportamientos y, por ejemplo, les es difícil considerar que una violación es algo más que un “juego” que acabó mal, que se trata de un atentado mayor contra la integridad física y moral de una persona, sancionable por la ley.

            Llegan a ser violentos e incluso criminales en parte debido que esto es el resultado de una violencia ejercida contra ellos, de naturaleza social. En pocas palabras; los adolescentes son violentos porque la sociedad es violenta. Al referirse a violencia social nos referimos a aquellas imputables al Estado o a las grandes instancias de socialización que actúan en su nombre: la escuela, la familia, etc. El fracaso y la presión escolar de alguna forma son una especie de violencia hacia los alumnos. 


            En el mundo adolescente, las desigualdades sociales persisten, fuertes y duraderas. En la escuela, el trabajo e incluso las diversiones, nunca dejan de existir, imperturbables. Entonces se enfurecen los más desheredados, los de las poblaciones periféricas de las ciudades porque les dan rabia tanta injusticia. A esta violencia social responden con violencias individuales o de grupo, a veces espontáneas o débilmente organizadas en bandas.

¿El adolescente moderno se deja seducir por utopías?

            No, de hecho no. El adolescente moderno ya no se deja seducir por las delicias de las utopías, ya no se embriaga con teorías. Al igual que el niño, del cual ya casi no se distingue, se deja absorber por el presente, por lo concreto. Ya no sueña con un mundo perfecto. Sólo desea que el mundo actual sea más justo, más equitativo. Esta sociedad dura, despiadada, ya no le da tiempo al adolescente para soñar, o mejor dicho, sus sueños se han vuelto “razonables”. Sus proyectos son claros: fundar una familia, tener hijos, un “buen” trabajo –es decir, interesante y gratificante--, y vivir en seguridad. En resumen, optan por una situación estable y moralmente decorosa. 


            Los adolescentes actuales, aunque no siempre expresen con palabras, no dejan de estar en busca de un ideal, de otras orientaciones sociales y colectivas. De un sistema coherente de ideas que dibuje la imagen de un universo “rehumanizado”; no se dejan engañar por la mercantilización que se presenta como una nueva ideología totalitaria. Necesitan inscribirse en una perspectiva histórica, “arraigarse en lo social”, contribuir con sus ideas y su personalidad, al renacimiento de un mundo más generoso, más solidario, en el que puedan realizar sus ambiciones.

viernes, 2 de agosto de 2013

¿Porqué consumen drogas lícitas e ilícitas los adolescentes?

            En muchas ocasiones las consumen los adolescentes debido a la presión escolar actual, la presión en torno del fracaso o del éxito, las dificultades familiares, la falta de perspectivas a futuro (a las que se suman, naturalmente, el deseo de algunos de tener las mismas experiencias que sus compañeros), pueden explicar el atractivo de estas sustancias peligrosas que ofrecen la posibilidad de evadir una realidad poco alentadora. Por desgracia, son también, indudablemente, fuentes de placer. En efecto, no se puede olvidar que proporcionan una agradable e inmediata sensación de alivio o exaltación.


            Fize (2007) refiere que los testimonios de adolescentes confirman estos móviles para “caer en la toxicomanía”. Aluden a las dificultades sociales, a una vida cotidianamente penosa. Fumar (un cigarrillo de marihuana), dicen los jóvenes, permite olvidarse del presente, del estrés, de lo que no anda bien. Y además es relajante, es como una aventura, se alcanza el éxtasis. En resumen, es un buen “viaje”. La idea de convivio aparece con mucha frecuencia en los testimonios. Fumar es una oportunidad de estar con los “cuates”, para “viajar” juntos, para “mandar al mundo entero a volar”. La marihuana suelta las lenguas. Así es como se tienen las primeras experiencias en grupo, a menudo en las veladas.

martes, 30 de julio de 2013

¿Es más precoz la vida sexual en los adolescentes de hoy?

            Se ha comprobado que los adolescentes de hoy son tan sentimentales como los de otras épocas; de hecho se esperan a estar preparados para pasar al acto sexual. Andar con alguien del otro sexo (o a veces del mismo sexo) significa antes que nada “estar con” esta persona y no necesariamente “hacer (el amor) con” ella. A los adolescentes les gusta reunirse con amigos para pasar un buen momento, hacer proyectos, adquirir, en el caso de los más jóvenes una confianza aún incierta. La liberación sexual ya es un discurso del pasado. Las conductas son más razonables de lo que generalmente se imagina. El “desorden sexual” adolescente existe más bien en la imaginación de los adultos. La precocidad de la pubertad no es sinónimo de precocidad sexual. 

            Refiere Michel Fize (2007) que la sexualidad no deja de ser un aprendizaje que toma tiempo. A una edad en que la identidad necesita afirmarse, no se puede hacer todo rápida y fácilmente; hay que vencer, para unos una timidez tenaz, para otros indecisiones y dudas. El hecho de que los medios de comunicación y la publicidad difundan constantemente imágenes de connotación sexual no cambia nada esta realidad: la sexualidad es una prueba que hay que enfrentar y superar. Las chicas expresan fácilmente entre sí sus inquietudes al respecto. Los chicos, por su parte, se mantienen a buena distancia (verbal) de su propia sexualidad; hablan de generalidades, que no los comprometen demasiado, recurriendo a bromas pícaras, burlas y demás cosas.


            Actualmente en términos generales la edad de la primera relación sexual en los adolescentes es a los 17 años en promedio. Por lo tanto, se puede concluir que la vida sexual en los adolescentes de hoy no es más precoz que antes.