lunes, 7 de octubre de 2013

El sueño en los adolescentes

            Una persona duerme normalmente alrededor de ocho horas diarias, pero los requerimientos personales varían según la constitución física y la edad. El adolescente, por ejemplo, debe dormir algo más que el adulto, debido especialmente al esfuerzo que está haciendo su organismo para crecer. En los periodos de crecimiento rápido –aquellos en que se dio el estirón—este requerimiento es mayor. El adolescente bien puede dormir en esos periodos durante nueve o diez horas. Esto a veces desespera a los adultos que tienen otras necesidades y otros requerimientos de sueño, y que quisieran arbitrariamente que el adolescente se ajustara a ellos. En relación con la costumbre de la siesta, se ha comprobado que es benéfica: dormir unos treinta minutos después de las comidas puede permitir una tarde despejada y activa.

            Es muy importante que el adolescente establezca buenos hábitos de sueño. Ello incluye acostarse por lo menos ocho horas y media antes de la hora en que hay que levantarse; además de dormir sin ruidos ni aparatos encendidos, pues estos dificultan el sueño profundo, que es el más reparador. El adolescente debe aprender que la falta acumulada de sueño produce trastornos en el sistema nervioso tales como nerviosidad, astenia (debilidad), falta de capacidad de concentración y mal rendimiento escolar.


            Además, las desveladas de estudio o de festejo han demostrado ser nocivas, especialmente cuando son frecuentes. En el curso de las mismas se produce muerte neuronal, principalmente si se toma alcohol, café u otros estimulantes. Lo recomendable es distribuir el estudio en horarios predeterminados, todos los días y desvelarse en festejos únicamente en ocasiones excepcionales. (Robles 2007).


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