Robles (2012) refiere que las
adicciones constituyen una situación de grave peligro para la integridad
física, psicológica y social de los adolescentes. Aunque existen una serie de
circunstancias familiares y sociales que facilitan la adquisición de
adicciones, es el propio adicto quien debe reaccionar ante esta situación
degradante y abandonarla. De no hacerlo la alternativa es dejar que se agraven
los daños que causan las drogas, y en consecuencia llegar al sanatorio, al
hospital psiquiátrico, a la cárcel o también, muy prematuramente, a la muerte.
La manera natural de alejarse de las adicciones es la configuración de un
proyecto de vida positivo y la adopción de comportamientos saludables.
Las adicciones constituyen una de
las más graves trampas de la vida moderna para el adolescente, pues lo conducen
directamente a la autodestrucción. Llegar a una adicción es haber tomado la
ruta equivocada para la integración de la personalidad. Al no encontrar, casi
siempre por ignorancia, los caminos que permiten el desarrollo de la
individualidad, el adolescente se desvía intentando tomar un atajo,
presumiblemente fácil, y cae en un despeñadero.
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