viernes, 19 de diciembre de 2014

Manifestaciones somáticas de los trastornos de ansiedad

            Las manifestaciones somáticas se destacan entre los signos y síntomas de los diferentes tipos de ansiedad. El sistema cardiovascular suele presentar taquicardia, palpitaciones y opresión precordial. El respiratorio, dolores torácicos que a veces se extienden hacia el brazo izquierdo, así como sensaciones subjetivas de dificultades respiratorias que pueden llevar a complicaciones hiperventilatorias, debido a la aceleración de la frecuencia respiratoria que se produce con la finalidad de compensar la supuesta insuficiencia. En el sistema gastrointestinal puede producirse tanto sequedad de la boca como salivación incrementada, espasmos faríngeos o esofágicos, flatulencia y, alternativamente, diarreas y estreñimientos. Son frecuentes también los síntomas neurológicos, como dolores y temblores. El aparato urinario puede presentar poliurias y dolores pelvianos. En la piel se detecta una intensa sudoración y ruborización. En cada paciente suele predominar característicamente los síntomas correspondientes a algún o algunos de estos síntomas. La sintomatología descrita suele estar acompañada por signos como la inquietud motora. Además, no es rara la elevación transitoria de la tensión arterial. A nivel bioquímico se destacan elevaciones de cortisol, adrenalina y noradrenalina en sangre. Las exploraciones físicas complementarias adquieren una importancia fundamental cuando se formulan hipótesis diagnósticas que hacen pensar en un posible trastorno por ansiedad, puesto que otras enfermedades se manifiestan con signos y síntomas muy semejantes, Esta manera de proceder es especialmente necesaria cuando quienes padecen estas características tienen más de 35 años, y en los casos donde no hay antecedentes familiares de este tipo de trastornos. Si no se descartan adecuadamente estas posibles causas ligadas a condiciones médicas generales, puede condenarse al paciente a recibir tratamientos ya sea psicológicos o farmacológicos, que, en el mejor de los casos, serán absolutamente ineficaces, mientras que en otros, producirán prejuicios importantes que hubieran sido fácilmente evitables mediante sencillas exploraciones complementarias previas al diagnóstico.


            La exploración física complementaria debe incluir, al menos, un análisis de sangre completo, análisis de orina, función renal y hepática, pruebas de función tiroidea y un electrocardiograma. (Oblitas, L. et al., 2010).



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