En el mundo en
que vivimos prolifera tal cantidad de agentes infecciosos y de tan variadas
formas, tamaños, composición y carácter agresivo, que si no desarrolláramos una
serie de mecanismos de defensa tan eficaces e ingeniosos como ellos acabarían
por usurpar y devastar todo nuestro organismo. Estos mecanismos de defensa son
los que pueden establecer un estado de inmunidad (Del latín “Inmunitas”: libre de) contra la
infección, y cuyas operaciones proporcionan la base de esa disciplina llamada
inmunología.
En términos
genéricos, el sistema inmune se concibe como un complejo sistema de respuestas
mediante las cuales el cuerpo se defiende de microorganismos invasores o
tejidos extraños. Sin embargo, la naturaleza del fenómeno es mucho más
compleja.

Algunas
moléculas, llamadas haptenos,
reaccionan bien con los anticuerpos pero son incapaces de provocar por sí
mismas su producción. Para lograrlo deben unirse a un portador (o carrier).
Los antígenos
pueden ser sustancias tan diversas como proteínas, polisacáridos, o ácidos
nucleicos. Su peso molecular varía desde varios millones de daltons a menos de
mil daltons. (Oblitas, L. et. al. 2010).
Según su origen,
se distinguen 4 tipos de antígenos:
1.
Los haptenos, activos únicamente
cuando se unen a un portador.
2.
Los antígenos naturales, se
encuentran en la naturaleza y en los tejidos animales.
3.
Los antígenos artificiales
obtenidos por modificación química de antígenos naturales.
4.
Los antígenos sintéticos,
producidos artificialmente.
Hospital Médica Sur:
Puente de Piedra No. 150. Torre I Consultorio 430 4to. Piso Col. Toriello
Guerra, Tlalpan. C.P. 14050. México, D.F. Tel. 5524-3051.
terapiainfantilyjuvenil.blogspot.mx
No hay comentarios.:
Publicar un comentario