viernes, 3 de octubre de 2014

La personalidad y el estrés

            Se ha descubierto que en aquellas personas que sufren patologías isquémicas las características principales de personalidad serían de alto nivel de perfeccionismo, la inflexibilidad, la susceptibilidad en sus relaciones sociales y una baja autoestima. Se ha caracterizado a la personalidad de este grupo como patrón de conducta Tipo A, que ha sido analizado junto con uno de sus componentes principales, la hostilidad. A pesar de que muchos estudios se han centrado en estudiar el rol de la hostilidad como factor de riesgo para contraer la enfermedad coronaria, los mecanismos mediante los cuales ésta manifiesta sus efectos en el sistema cardiovascular no han sido aún dilucidados. Las discusiones y dudas generadas en torno del patrón tipo A ha promovido múltiples planteamientos. Uno de los trabajos más sugestivos es del de Bruce McEwen (1998), de la universidad de Rockefeller (Nueva York).

            McEwen realizó una evaluación de 113 estudios científicos sobre el estudio del estrés, sus tipos y sus efectos a corto y largo plazos. Con base en sus investigaciones desarrolló el concepto de “carga alostática” para dar cuenta del desgaste que se padece durante la adaptación a las situaciones estresantes. Ante cualquier situación de estrés, externo o interno, responden el sistema nervioso central, el eje hipotalámico-hipofisario (HPA), el sistema cardiovascular, el metabólico y el inmunológico. La reacción no es igual en todos. Por ejemplo, a la mayoría de las personas se les activa el HPA cuando tienen que hablar en público. Después de enfrentar repetidamente este suceso, muchas personas se habitúan y la secreción de cortisol (un glucocorticoide segregado por las glándulas suprarrenales como respuesta al estrés) no se incrementa como durante los primeros discursos. Sin embargo, se calcula que 10% de los individuos siempre estarán tensos cuando tengan que dar una conferencia y sus niveles de cortisol aumentarán en todas las ocasiones. ¿A qué se debe este fenómeno psicofisiológico?

            En primer lugar es necesario distinguir dos aspectos básicos de cómo cada uno enfrenta una situación estresante: 1) la forma personal de percibir o evaluar el estímulo; y 2) las condiciones del organismo o estado general de salud, que depende de factores genéticos, ambientales y del estilo de vida. Así por ejemplo, se ha demostrado que las personas cuya tensión arterial se eleva durante horas después del episodio estresante, suelen tener un familiar directo, padre o madre, hipertenso. Son, pues, los genes los que elevan la susceptibilidad a sufrir el estrés cardiovascular. De modo que la carga alostática depende de las variables personales y del tipo de estresores que se enfrentan.


            Así como el tipo A se caracteriza por manejar situaciones de sobrecarga de un modo que a largo plazo puede llevar a desarrollar enfermedades coronarias, también se ha encontrado otro patrón de personalidad que estaría asociado con el riesgo de contraer cáncer, denominado en forma genérica Tipo C (por cáncer). Fue descrita por Temoshok (1987) como colaboradores, conciliadores, complacientes, amables, poco exigentes y pacientes. Son más bien dóciles y rara vez llegan a confrontaciones, lo cual contrasta con el patrón de comportamiento tipo A. (Oblitas, L. et al., 2010).


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