La vida emocional del adolescente es
extremadamente rica e intensa, pero está en proceso de organización. Ésta puede
irse alcanzando empíricamente; es decir, solamente a través de la escuela de la
vida; pero cuando ello ocurre así existe el riesgo de organización incompleta,
tardía y defectuosa. En cambio, con el apoyo inteligente de padres y maestros y
con el estudio adecuadamente dirigido de las ciencias del comportamiento, las
nuevas integraciones tienen las perspectivas de ser mucho más ricas,
funcionales y maduras.

La desviación del sentido natural de
la emocionalidad produce destructividad. Una emocionalidad debe ser considerada
sana en tanto contribuye a preservar la salud propia y contribuye de alguna
manera a los demás. El caso contrario se produce cuando se daña al propio actor
de la conducta y se lesiona de algún modo a los otros.
Hospital Médica Sur:
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Col. Toriello Guerra,
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