Robles (2007) refiere que si el
grito rechazante de un familiar, que prohíbe o que regaña, ha causado de manera
reiterada temor en el niño o en el adolescente, más tarde la presencia de ese
mismo familiar causará sensación de temor, aunque no esté gritando. Años
después puede darse la situación de que el adolescente sienta temor ante la
presencia de ciertos hechos o personas, sin explicarse porqué. Ello se debe a
que persiste la memoria límbica, registrada en la amígdala, cuando la memoria
cortical se ha ya desvanecido. De aquí que frecuentemente la persona tenga que
esforzarse para recordar porqué cierto rostro, evento, música, figura,
afirmación, grito, la deprime o la asusta, y la obliga a buscar en el pasado,
las raíces de sus emociones presentes.

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