miércoles, 24 de julio de 2013

Cultura y tiempo adolescente

            La cultura adolescente no es como se suele pensar, una simple suma de diversiones y de “practicas”, según la jerga científico-administrativa vigente. Tampoco es la afirmación de un tiempo libre, que se opondría a los tiempos “constreñidos” (familia, escuela…), porque nunca dejar de ser lo que es, de una u otra manera. No es un tiempo ligero, frívolo, frente a unos tiempos pesados, serios.


            El tiempo adolescente es un tiempo continuo, un tiempo eminentemente cotidiano, que se conjuga en un presente inmediato. Es un tiempo radiante, el de la realidad, claro está, pero también el del sueño. Ayer Michael Jordan, hoy Leo Messi, llenan las noches de los aprendices deportistas. Justin Bieber, Selena Gomez, las de las jovencitas actuales. 



            En estos tiempos, la música ocupa un lugar  central, sumerge al mundo adolescente, viene a fijarse en los psiquismos, como para dibujar una nueva región cerebral entre unos y otros. Incluso podemos afirmar que la música es el verdadero lenguaje de la “juventud”. El rock (siempre), el rap (todavía), la tecno (cada vez más), pero también el reggae o el rai… no son simples distracciones sino comportamientos ante el mundo. El eclecticismo musical resulta, al respecto, asombroso. La adolescencia es una inmersión cotidiana, ya sea solitaria o en grupo, en baños sonoros, a menudo hasta el paroxismo. Hay momentos clave: el concierto, por ejemplo, o (muy de moda) las raves parties que permiten, durante un lapso de tiempo siempre demasiado breve, borrar el presente que a veces resulta tan poco emocionante (Fize, 2007).

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