lunes, 12 de agosto de 2013

El dinero en la adolescencia

            Los adolescentes quieren tener dinero como todo el mundo. Por consiguiente, lo tienen (más o menos según el medio social –los grupos acomodados no siempre son los más generosos en este aspecto--). Fize (2007) refiere que la paradoja es la siguiente: si bien no disponen de ingresos (porque no trabajan), los adolescentes no carecen de recursos económicos.

            Los adolescentes reciben dinero de sus padres (para éstos a veces es una manera de mantener la paz familiar o de compensar una falta de disponibilidad), de sus abuelos, en los cumpleaños, en Navidad, durante las vacaciones de verano, etc. Al dinero de bolsillo que dan cada semana o cada mes, según las costumbres familiares, los padres añaden dinero para recompensar una buena boleta de calificaciones, el paso a un grado superior, una ayuda al quehacer de la casa, de tal suerte que el dinero disponible es a menudo cuatro a cinco veces superior al dinero de bolsillo propiamente dicho. Desde luego algunos adolescentes no cuentan con dinero. Entonces tienen que arreglárselas para conseguirlo. Algunos hacen pequeños trabajos. 



           Nuestra sociedad rinde un verdadero culto al dinero. Enseña muy pronto a los niños que, sin él, el “ciudadano” no tiene ningún valor social. Así es como el mundo adolescente es objeto de todas las apetencias comerciales (y más aún el de los niños, que se ha vuelto el mercado privilegiado).


            Actualmente todo incita a un consumismo precoz; los comerciantes se dieron cuenta de que la niñez representaba un formidable mercado por conquistar. En un mundo dominado por el dinero, se es antes que nada lo que se tiene. Es el dinero lo que permite ser alguien, el que proporciona una identidad. De modo que los bienes materiales resultan imprescindibles; los que no tienen nada no son nada, no tienen identidad. Es absolutamente indispensable poseer, si es necesario tomándolo por la fuerza o la astucia. Tomar lo que uno quiere cuando quiere significa de pronto volverse alguien (Fize, 2002). 

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